Se cuenta que un hombre iniciaba un negocio de venta y servicio de computadoras. Colocó un aviso donde requería personal con experiencia en ventas y comenzó a entrevistar a los que se presentaron. Uno de los que apareció fue un joven que denotaba provenir del campo. Vestía pantalón vaquero, una camisa a cuadros y una corbata que encontró en su ropero.
– Señor – dijo el joven luego de estrecharle la mano con fuerza –, vengo por la oferta de trabajo.
El dueño le explicó que buscaba alguien con experiencia en computadoras y este hombre solo había manejado una computadora personal. Sin embargo, para cada traba que el dueño mencionaba, el joven replicaba: “Creo que eso puedo aprenderlo. Lo vero como una oportunidad”.
El propietario decidió que lo dejaría un mes a prueba, y luego de varias jornadas de entrenamiento lo envió a vender.
Cierto día vio una nota sobre el escritorio del muchacho. Tenía tres frases: “Hoy llamaré a quince personas. Esta semana venderé dos sistemas. Conseguiré ganar 1.000 dólares por mes”. A los seis meses el hombre no estaba ni cerca de sus objetivos en el buen sentido de la palabra. Había vendito nuevo sistemas en solo quince días y había ganado más de 75.000 dólares en concepto de comisiones ¡en solo seis meses!
“Así también la fe por sí sola, si no tiene obras, está muerta.”
Santiago 2:17 NVI