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José y la Ley del Proceso
– Parte II
Texto: Salmo 37:3, 7-9,
23.
“3Confía en Jehová
y haz el bien; habitarás en la tierra y te apacentarás de la verdad.
7Guarda silencio ante Jehová y espera en él. No te alteres con motivo
del que prospera en su camino, por el hombre que hace lo malo. 8Deja la
ira y desecha el enojo; no te excites en manera alguna a hacer lo
malo, 9porque los malignos serán destruidos, pero los que esperan en
Jehová heredarán la tierra, 23Por Jehová son ordenados los pasos del
hombre y él aprueba su camino.”
Verdad Central
El verdadero progreso sólo
ocurre cuando Dios lo promueve. José entendió que la autopromoción nunca
puede sustituir la promoción divina.
Introducción
Como la mayoría de los
grandes líderes, José trabajó en la oscuridad por un periodo de su vida
antes de hacerse alguien calificado para liderar a otras personas. Es en
ese periodo que Dios frecuentemente trabaja para preparar a un líder en
potencial. Fue eso lo que ocurrió a Abraham, Jacob, Nehemías y muchos
otros más. Sigamos estudiando la vida de José para entender estos
principios.
1.
Para crecer como líderes, necesitamos la ayuda de Dios.
Casi 23 años se pasaron
entre el episodio del pozo y la reunión con sus hermanos en el palacio
de faraón, cuando el sueño de José se cumplió. Pero, en aquel momento,
él ya había aprendido que el verdadero progreso sólo ocurre cuando Dios
lo promueve. El entendió que la autopromoción nunca substituye la
promoción divina. Él aprendió eso de una forma muy dura. Su
autopromoción delante de sus hermanos fue desastrosa, pero, cuando él se
sometió “como un esclavo” y optó por trabajar fielmente para Potifar es
que quedó evidenciado el hecho de que el Señor estaba con él. En la
prisión, él sirvió al carcelero y más una vez Dios mostró a José su
favor y su misericordia. No demoró mucho hasta que los prisioneros
fuesen colocados bajo la autoridad de José. Y, así, su trabajo prosperó.
Cuando José intentó traer
la autopromoción de retorno a la escena, recomendándose a sí mismo al
Faraón por intermedio del copero-jefe, Dios le hizo esperar nuevamente.
Dos años se pasaron hasta que José pudiese tener una audiencia con el
Faraón. Cuando eso ocurrió, José ya había aprendido la lección. Él
estaba contento por reconocer que Dios estaba en el control. Cuando el
faraón pidió que interpretase su sueño, José respondió: “No está en mí;
Dios será el que dé respuesta propicia a Faraón” (Génesis 41:16).
2.
José obtuvo una perspectiva de lo eterno.
Fue necesario crecer
bastante para que José finalmente percibiera que Dios estaba dirigiendo
el proceso del desenvolvimiento de su liderazgo. Él percibió que estaba
creciendo como líder para un propósito muy grande, para más allá de lo
que él podía imaginar.
En la época en que Jacob,
su padre, había fallecido, José ya había aprendido a ver las cosas según
la perspectiva de Dios. Cuando sus hermanos temieron por sus vidas, José
resumió su vida con las siguientes palabras: “No temáis; ¿acaso estoy yo
en lugar de Dios? Vosotros pensasteis mal contra mí, mas Dios lo
encaminó a bien, para hacer lo que vemos hoy, para mantener en vida a
mucho pueblo” (Génesis 50:19-20).
José podía ver la Mano de
Dios a lo largo de toda su vida. Y él comprendió el plan a largo plazo
que Dios había establecido para Su pueblo. A los 110 años de vida, él
habló a su familia: “Yo voy a morir; mas Dios ciertamente os visitará, y
os hará subir de esta tierra a la tierra que juró a Abraham, a Isaac y a
Jacob.” (Génesis 50:24). Él entendió como Dios había impactado su vida y
de que manera pretendía ayudar a las generaciones futuras.
Conclusión
¿De qué manera le ha
ayudado Dios como líder? Es maravilloso pensar cómo Dios trabaja en
nuestras vidas con el fin de ministrar Su Vida a otras tantas vidas.
¡Qué precioso es pensar que lo que Dios está haciendo hoy en nosotros y
a través de nosotros está íntimamente relacionado a Su Plan Maestro de
redención de toda la humanidad y de Su Obra de salvación a través del
Señor Jesús!
Estudio
Publicado el 23 de Septiembre del 2007
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