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José y las Cuatro Fases del Crecimiento en el Liderazgo


 

Texto: 37:1-36; 39:1; 42:6; 47:13-26.

     “Mientras la tierra permanezca no cesarán la sementera y la siega,

el frío y el calor, el verano y el invierno,

el día y la noche.” Génesis 8:22

 

 

Verdad Central: Lleva tiempo para transformarse en un líder.

 

Introducción.

 

En el inicio de su vida, las habilidades interpersonales de José eran débiles. Peor aún, él no tenía experiencia, sabiduría ni humildad – tres cualidades que sólo pueden ser obtenidas con el transcurrir del tiempo. Si nos detenemos a examinar la vida de José, vamos a ver la manera como el tiempo y la experiencia contribuyeron para el desenvolvimiento diario de su liderazgo a medida que pasaba por las siguientes fases:

 

Fase 1: Yo no sé que no sé.

 

Todos comenzamos en un estado de ignorancia. Fue allí que José comenzó. Él no entendía la dinámica de su familia. También no tenía idea de cómo sería la reacción de sus hermanos cuando les contase que sus manojos se encorvaban hacia él y José no se preocupaba por el daño que eso causaría en la relación con sus hermanos. Las Escrituras dicen que sus hermanos le aborrecían. Cuando compartió sus sueños con ellos, pasaron a odiarlo aún más. José no sabía lo que estaba ocurriendo. Él estaba diciendo y haciendo cosas sin entender las cuestiones interpersonales existentes. El costo que eso trajo fue la alienación de su familia por más de dos décadas.

 

Fase 2: Ahora sé que no sé.

 

 Fue necesario un accidente gravísimo para llamar la atención de José y colocarlo en el camino del cambio. Llevado a Egipto como esclavo, él comenzó a aprender aquello que no sabía. Comenzó a entender que el liderazgo es una cosa complicada y que carga con una enorme responsabilidad. Con el pasar de los años, José sufrió traición y recibió lecciones sobre la naturaleza humana, sobre las relaciones y sobre el liderazgo. El proceso moldeó su carácter. El desenvolvió paciencia y humildad. También comenzó a reconocer que Dios era su fuente de bendición y de poder.

 

Fase 3: Sé y me perfecciono, y surgen los resultados.

 

Los líderes que demuestran gran habilidad al aparecer la oportunidad, son los que ya pagaron el precio de prepararse para aquel momento. Al ser finalmente llamado para comparecer delante del Faraón, José cumplió su tarea con excelencia y sabiduría. Él no fue bien exitoso porque, de repente a sus 30 años de edad, se hizo bueno en lo que hacía. José tuvo buen éxito, porque ya venía pagando el precio ha 13 años de aprendizaje. Por causa de su sabiduría y discernimiento, José se transformó en el segundo hombre en el comando de aquella que era la nación más poderosa de su época.

 

Fase 4: Simplemente avanzo por causa de lo que sé.

 

Por siete años, durante el tiempo de abundancia en Egipto, José ejecutó hábilmente su plano de liderazgo. Llenó las ciudades de Egipto de granos y preparó el país para el periodo de hambre que iba a venir. Sus años de dolor y crecimiento se estaban apagando de modo maravilloso. Pero nosotros conseguimos entender plenamente lo que fue su liderazgo observando los años de hambre que le siguieron. Su objetivo principal era alimentar al pueblo de Egipto durante los años de dificultad. Pero, por medio de la fuerza de su liderazgo, José alimentó la nación de su monarca y sustentó los pueblos de otras tierras. En ese proceso él guardó dinero, rebaño y tierras para su amo. También cumplió la profecía de los sueños de su adolescencia.

 

Conclusión

 

Una persona necesita tiempo para hacerse un líder eficiente. Pero el tiempo no es el que transforma una persona en un líder productivo. Algunas personas jamás descubren la Ley del Proceso. Ellas no permiten el crecimiento y se quedan estacionadas en la fase 1 por el resto de sus vidas. La escalera del éxito propone a cada discípulo el proceso de un desarrollo de liderazgo. Para aquellos que se someten al tratamiento propuesto, experimentan la alegría del nuevo nacimiento, son consolidados con leche de la buena doctrina, son discipulados para ampliar sus habilidades y despertar los dones espirituales, y enviados para producir los buenos efectos de la Vida de Cristo en aquellos que son alcanzados por su servicio y que al mismo tiempo, testificaron de la eficacia de la Obra de Dios en su formación. Deje, pues, que el Señor nuestro Dios complete la buena obra que comenzó en su vida.

 

 

 

  Estudio Publicado el 16 de Septiembre del 2007

 

 

 

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