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CONSOLIDACIÓN:
EL RESPALDO PARA LA
COSECHA DE EXCELENCIA PARTE III
“35Al siguiente día
estaba otra vez Juan, y con él dos de sus discípulos. 36Y mirando a
Jesús que andaba por allí, dijo: «¡Este es el Cordero de Dios!». 37Los
dos discípulos lo oyeron hablar y siguieron a Jesús. 38Volviéndose Jesús
y viendo que lo seguían, les dijo: ¿Qué buscáis? Ellos le dijeron:
Rabí que significa «Maestro» , ¿dónde vives? 39Les dijo:
Venid y ved. Fueron y vieron dónde vivía, y se quedaron aquel día con
él, porque era como la hora décima. 40Andrés, hermano de Simón Pedro,
era uno de los dos que habían oído a Juan y habían seguido a Jesús.
41Aquel encontró primero a su hermano Simón, y le dijo: Hemos
encontrado al Mesías que significa «Cristo». 42Y lo trajo a Jesús.
Mirándolo Jesús, dijo: Tú eres Simón hijo de Jonás; tú serás llamado
Cefas es decir, Pedro . 43Al siguiente día, Jesús quiso ir a
Galilea; encontró a Felipe y le dijo: Sígueme. 44Felipe era de
Betsaida, la ciudad de Andrés y Pedro. 45Felipe encontró a Natanael y le
dijo: Hemos encontrado a aquel de quien escribieron Moisés, en la
Ley, y también los Profetas: a Jesús hijo de José, de Nazaret.
46Natanael le dijo: ¿De Nazaret puede salir algo bueno? Respondió
Felipe: Ven y ve. 47Cuando Jesús vio a Natanael que se le
acercaba, dijo de él: ¡Aquí está un verdadero israelita en quien
no hay engaño! 48Le dijo Natanael: ¿De dónde me conoces? Jesús le
respondió: Antes que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de
la higuera, te vi. 49Natanael exclamó: ¡Rabí, tú eres el Hijo de
Dios! ¡Tú eres el Rey de Israel! 50Le contestó Jesús: ¿Crees
porque te dije: “Te vi debajo de la higuera”? Cosas mayores que estas
verás. 51Y agregó: De cierto, de cierto os digo: Desde ahora
veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subiendo y bajando sobre
el Hijo del hombre.”
(Juan
1:35-51)
Introducción
La Consolidación es un
ministerio que individualiza. No es un llamado colectivo, es individual.
Cada uno de los discípulos del Señor necesita este carácter consolidador.
No es para responsabilizar a otros, es para responsabilizar a sí mismo.
Cuando hablamos de consolidación, nos referimos a un llamado que el
Señor Jesús nos hace individualmente. Por lo tanto, no debemos esperar
que los otros lo hagan para entonces empezar a actuar. Debemos estar
afirmados en la seguridad de que fue Dios quien nos llamó a consolidar y
por eso debemos hacerlo, independientemente si otros lo hacen o no. La
responsabilidad, pues, es personal, no importando la edad o cualquier
otro factor, todos fuimos llamados por Dios en la unción de
consolidación, para ganar y sostener las vidas.
Jesús se hizo Modelo de
Consolidación para nosotros.
En este llamado y
ministerio vocacional de consolidación, el Señor nos usa como
instrumento poderoso para afirmar una vida. Él mismo lo hizo de modo
personal y excelente. En Juan 1:38-41 lo vemos a Jesús que recibe y
consolida a sus dos primeros discípulos, llevándolos a su casa y
hablándoles del Reino de Dios. Andrés, uno de ellos concluyó con
firmeza: “Hemos encontrado al Mesías”. De igual modo, el Señor quiere
que afirmemos las vidas y las tratemos para que ellas sean plantadas y
crezcan, floreciendo en la Casa del Señor.
Los Discípulos de Jesús se
hicieron Modelo de Consolidación.
La lección aprendida y el
ejemplo recibido fueron luego puestos en acción por los discípulos de
Jesús. Ellos captaron en el mundo espiritual la esencia de la
consolidación en la vida del Maestro y lo primero que hicieron después
de este Encuentro con Jesús fue ir a ganar y a consolidar a los que
necesitaban la Salvación. En Juan 1:40-42 vemos la actitud de Andrés en
buscar a su hermano Simón y traerlo para el Señor. Es la preocupación
por su casa que vemos evidente en este relato. En Juan 1:43-46 vemos a
Felipe que, una vez ganado por Jesús, salió a buscar a Natanael para
hablarle del prometido por Dios: Jesús de Nazaret.
¿Qué es lo que hay en
nuestro corazón? El corazón de Dios está marcado por amor y compasión,
que se unen para una sola misión: rescatar vidas. En el corazón de Dios
hay almas que necesitan ser rescatadas y, nosotros, zambullidos en esta
unción de amor y compasión, seremos instrumentos en Sus Manos para
rescatarlas.
Nosotros, Modelos de
Consolidación.
Es tiempo de consolidar
por la Palabra de Dios. Con ella nosotros derribaremos la
“consolidación” del diablo en la vida de los nuevos creyentes. Con el
poder del Evangelio arrancaremos nuestra nación de las garras del
enemigo y la llevaremos a los Pies del Salvador. Pero, para eso
necesitamos equiparnos, fortalecernos, animarnos, apoyarnos y actuar.
Vamos a entrar en una guerra frontal contra el diablo y, por lo tanto,
nos vamos a poner también delante de Dios en intercesión, con compasión,
llanto y gemidos por los perdidos. El Señor mismo nos convencerá que
necesitamos ganar a Bolivia para Cristo y seremos consolidadores de
excelencia. Nosotros somos la generación sacerdotal y profética de estos
últimos días y es el mismo Señor Jesús el que está viniendo a mojar
nuestros ojos para que lloremos por los perdidos.
La compasión viene con el
ejercicio. No podemos decir que amamos, que tenemos compasión si no
ejercitamos eso. En el mover del amor y de la compasión viene el primer
comando para consolidar: ganar vidas.
Ganar vidas es un acto de
sabiduría que solamente lo practica quien tiene compasión por las
mismas. Si usted no busca de Dios ese amor y esa compasión, se quedará
fuera de esta sabiduría, pues “El que gana almas es sabio” (Proverbios
11:30). Para ganar almas es necesario un acto de sabiduría, pero si fui
sabio para ganar, también seré sabio para preservar lo que he ganado. No
podemos ser consolidadores de éxito sin sabiduría y Dios nos está
mostrando que llegó la hora de la responsabilidad. No hay otra forma,
todos nosotros tendremos que ser responsables. Por el amor y compasión
ganaremos, y con sabiduría, preservaremos el fruto.
Que en estos días,
una poderosa unción de amor, compasión y sabiduría inunde nuestras vidas
y que nosotros seamos cada vez más consolidadores de excelencia.
Estudio Publicado el
06 de
Mayo del 2007
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