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La Consolidación y la Guerra Espiritual Parte I


 

“Él nos ha librado del poder de las tinieblas y nos ha trasladado al reino de su amado Hijo.” (Colosenses 1:13)

“Para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable” (1 Pedro 2:10)

 

 

 

Introducción

 

Cuando actuamos en consolidación estamos declarando una guerra en varios niveles, y tenemos que estar preparados para enfrentar diversos tipos de contra-ataques, lo que presupone estar atentos. Debemos estar preparados a fin de que no seamos tomados de sorpresa sin saber como actuar y, después de haber vencido todo, permanecer firmes.

“Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo y, habiendo acabado todo, estar firmes.”    (Efesios 6:13)

 

Hasta que se conviertan las personas al Evangelio, ellas están presas a las tinieblas, trayendo consigo varios tipos de marcas de sus antepasados que no conocieron a Jesús: idolatría, vicios, obras de la carne, etc. Para que esas personas salgan de estas amarras, tendremos que entrar en una guerra sin proporciones, dependiendo del nivel de comprometimiento en que estuvo involucrado cada individuo.

 

Toda estrategia deberá ser estudiada y analizada con el fin de que podamos  verificar la posibilidad o no de su ejecución. El problema es que pueden existir personas en la línea de frente que poseen argumentos en su vida espiritual y, muchas veces, quieren enfrentar a los demonios olvidando que hay puertas del infierno que están aprisionando sus vidas, las cuales no tienen fuerzas en sí mismas para romper con estas cadenas. Pero, Jesús dijo: “... edificaré mi iglesia, y las puertas del infierno no la dominarán.” (Mateo 16:18)

 

¿Cómo podemos, pues, vencer esta Guerra?

 

1)     Manteniendo nuestra santidad.  “Como hijos obedientes, no os conforméis a los deseos que antes teníais estando en vuestra ignorancia, sino, así como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir, porque escrito está: «Sed santos, porque yo soy santo». (I Pedro 1:14-16). La mayor arma para vencer al enemigo es nuestra santidad delante de Dios. El enemigo no soporta el trono del Padre, y cuando estamos bien con Dios estamos delante de Su trono. Entonces, el sello del trono de Dios en nuestra vida es una amenaza suficiente para que el enemigo no permanezca delante de nosotros y bata en retirada.

Sin santidad nadie verá a Dios. Lo que observamos es que algunas personas no han velado por esta comunión y fácilmente negocian con el enemigo. El precio de nuestra santidad ya fue pagado en la cruz. Ahora, abdicar de los deseos de la carne para que vivamos en la presencia de Él es una guerra constante.

Pero hay una promesa del Padre que debemos apropiarnos de ella: “Porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo” (I Pedro 1:16). Dios quiere que seamos según la imagen que Él nos creó. Esa imagen habla de una restauración de principios en nuestra vida. Cuando las personas vienen a Jesús, vienen con una auto-imagen dilacerada, con los conceptos ético-morales distorsionados y van a necesitar de una vida nueva, la cual la Biblia llama de “nuevo nacimiento” o “novedad de vida”. Pero, si no estamos constantemente en esa guerra formaremos apenas un religioso y no un discípulo. Para arrancar las imágenes distorsionadas y para plantar la santidad vamos a gastar tiempo en el discipulado, a parte de eso no hay éxito mayor. Por lo tanto, haga de su discípulo la persona más santa de la tierra.

 

2)     Conservando el lenguaje. “Preséntate tú en todo como ejemplo de buenas obras; en la enseñanza, mostrando integridad, seriedad, 8palabra sana e irreprochable, de modo que el adversario se avergüence y no tenga nada malo que decir de vosotros”(Tito 2:7-8).  La unidad en el lenguaje trae para el plan físico todo cuanto deseamos y que ya está listo en el mundo espiritual (Efesios 1:3-4). “Además les digo que si dos de ustedes en la tierra se ponen de acuerdo sobre cualquier cosa que pidan, les será concedida por mi Padre que está en el cielo”. (Mateo 18:19). Cuando no hay concordancia, reforzamos el deseo del enemigo, pues una casa de opinión dividida caerá. “¿Pueden dos caminar juntos sin antes ponerse de acuerdo? (Amós 3:3). La Biblia no nos apoya a caminar con personas que no sostengan el lenguaje de concordancia.

Cuando Isaías estuvo en el Templo y vio al Señor no supo como orar, hablar, abrir su corazón ni como confesar sus culpas y pecados. Él estuvo delante de Dios como intercesor por su nación, pero ya había absorbido la costumbre y lenguaje del pueblo pagano (Isaías 6:5). Es que es demasiado fácil dejarse contaminar, pues cuando estamos en el primer amor nos esforzamos al máximo para ser santos, pero, infelizmente, muchos retroceden durante su caminar con Dios. Difícil es mantener la santidad, pero, la Biblia habla que podemos todas las cosas en Aquel que nos fortalece (Filipenses 4:13).

Isaías llegó delante de Dios, pero había perdido la visión profética y absorbido el lenguaje del pueblo. Dios no se comunica con él, hasta que el serafín toca con la brasa del altar los labios del profeta. ¿Por qué? Porque Dios solo mantiene la comunicación con aquellos que sostienen su lenguaje. El profeta se arrepintió y confesó sus culpas, y Dios le confió la gran misión de evangelizar y consolidar el pueblo. Hoy, Dios va a consolidar el pueblo a través de nosotros. Aunque en la Tierra los hombres se olviden, Dios mantendrá firme delante de Su Trono la promesa y la preservación del lenguaje. “¡Santo, Santo, Santo, Jehová de los ejércitos! ¡Toda la tierra está llena de su gloria!”. Cuando nosotros entendamos sobre guerra espiritual, no nos asociaremos con el lenguaje enfermo del pueblo, mas preservaremos el lenguaje profético. ¿Queremos consolidar con éxito? Entonces, ignoremos lo que el pueblo habla en contra de la Palabra de Dios y afirmemos lo que la Biblia nos dice.

Cuando hay concordancia las cosas fluyen más rápido. Nosotros estamos hablando del rescate de vidas, entonces necesitamos concordar en entrar en esa guerra y liberar las personas aprisionadas por el diablo. Debemos hacer guerra contra las tinieblas y no los unos contra los otros. Cuando los Serafines proclamaban la santidad de Dios delante de Isaías, éste pensó que iba a morir por ser pecador y había visto a Dios. Pero, lo que más nos llama la atención es la afirmación: “¡Santo, Santo, Santo, Jehová de los ejércitos! Hasta en el trono de Dios, para que se mantenga la santidad, hay una guerra, por eso Satanás no venció a Dios, pues aparte de que el  Señor es Santo, Él es Guerrero.

 

Conclusión

 

Para que mantengamos nuestra santidad necesitamos estar en una constante guerra. Si en el trono de Dios Él es presentado por los serafines como un Dios de Guerra, imaginemos cómo se presentará para que las vidas salgan de las tinieblas y se tornen santuarios de Dios. Y nosotros, para preservar nuestra santidad, no podemos dejar de lado lo que el Señor nos ha entregado: la unción para vencer demonios, principados, potestades, el hombre fuerte de la ciudad, organizaciones de maldad, y liberar las vidas que están aún en las manos del enemigo.

     Si una vida vale más que todo el universo, queremos alentarle a que usted se posesione de esta revelación. Pero, las personas viven menosprecio y descrédito, creyendo que para sus vidas no hay solución. Por eso, debemos tener un solo lenguaje de concordancia y vencer esa guerra liberando los cautivos de las manos del enemigo (Mateo 18:15-18).

  Estudio Publicado el 08 de Abril del 2007

 

 

 

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