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Consolidación, el Corazón
de la Multiplicación II
“Muchos pueblos en el
valle de la Decisión; porque cercano está el día de Jehová
en el valle de la
Decisión.” Joel 3:14
Introducción
Hemos declarado que uno de
los temas más difíciles en la Visión Celular es el tema de la
consolidación. Nuestro problema no está en el ganar a las vidas, pero en
mantener el fruto conquistado. Es por eso que nos urge comprender
debidamente los Principios Espirituales de la Consolidación para que el
fruto de nuestro trabajo no sea desperdiciado.
1. Valorización del
Individuo – Fue el primer principio presentado en nuestro estudio
anterior. Hoy vamos avanzar un poco más en el conocimiento de estos
principios que nuestra cosecha sea exitosa.
2. La Conducción
para la Gloria – Todos los cristianos somos responsables por
conducir a los hombres a los pies del Señor Jesús. Nadie más apropiado
para hacerlo que aquel que ha sido conducido por el Señor a los pies del
Padre. El Señor Jesús nos afirmó que “nadie viene al Padre sino por Él”.
Todos los que hemos sido acercados al Padre tenemos autoridad y derecho
de hacerlo con otros que lo necesitan tanto cuanto nosotros.
3. La recepción que
el Señor nos dio es nuestro método – Este es el tercero principio
espiritual para una Consolidación de éxito. “Os digo que así habrá más
gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente, que por noventa y
nueve justo que no necesitan de arrepentimiento” (Lucas 15:7). ¡¿No es
esto maravilloso?! Si el Señor promueve en los cielos una tremenda
fiesta para recibir a los que se convierten, ¿por qué no hacemos lo
mismo aquí en la Tierra? ¿Por casualidad somos mejores que los cielos?
En la parábola del hijo pródigo el Padre preparó una gran fiesta para
recibir a su hijo. Sin embargo, el hijo que se había quedado en casa, se
quedó celoso. Infelizmente, siempre va a existir alguien dentro de la
propia casa que intente impedir el ceremonial de recepción: el hijo
perdido que no salió de casa. Pero, no se sienta desanimado por esto,
siga en el propósito.
El rey David consolidó a
Mefiboset (hijo de Jonatán y nieto del rey Saúl) y lo puso en la mesa
del Rey, es decir lo encaminó para un lugar seguro. Esta es la visión,
pues debemos colocar nuestro pueblo en la mesa del Rey. “Siba respondió
al rey: Conforme a todo lo que ha mandado mi señor, el rey, a su siervo,
así lo hará tu siervo. Dijo el rey: Mefiboset comerá a mi mesa, como uno
de los hijos del rey” (2 Samuel 9:11).
Tomemos los cielos por
modelo, pues todo nuestro referencial en la tierra es el cielo. Por lo
tanto, en las células o en nuestras celebraciones, hagamos una big-fiesta,
con fuegos artificiales, danzas, loor, aclamación, aplausos, gritos de
júbilo; y donde todos podamos gritar: ¡¡¡¡¡¡Biennnnnnveniiiiiiiiiiiiidooosss!!!!!!
Hagamos pancartas que impacten a las personas con palabra de cariño,
ánimo, vida y victoria. Una calurosa recepción para que todo nuevo
convertido se sienta realmente bienvenido. Este programa de recepción
debe ser impactante y trasbordante de alegría y gracia. Utilicemos
músicas que sean adecuadas para el momento; músicas de alegría y no de
peso fúnebre. Cuando un niño nace, se ministra alegría y no tristeza.
Sea creativo, reciba bien, pues allá en el cielo nuestra entrada será
triunfante y maravillosa. El Señor nos aguardará con un gran banquete.
Entonces, ¡comience a acostumbrarse con la idea! Invierta bastante en
los nuevos creyentes, pues en el futuro esa sembradura tendrá poderoso y
considerable retorno. “Así que todas las cosas que queráis que los
hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos” (Mateo
7:12).
¿Ya percibió usted que
Dios es feliz y fiestero? ¿Ya participó usted de una fiesta judio-mesiánica?
¡Es mucha alegría! La fiesta de los Tabernáculos significa el retorno
para casa, o la salida de Egipto, como también, la gran cosecha, la
presentación de los frutos, la tomada de posesión. Es una fiesta que
dura siete días con danzas santas y con ovaciones al Nombre del Señor.
¡Es mucha alegría! Así debe ser nuestra recepción al nuevo creyente.
Muchas veces una persona
se convierte y nosotros ni siquiera la saludamos o nos acercamos a ella.
Entra y sale de la comunidad y no festejamos su llegada. Por eso tenemos
que cambiar nuestros hábitos y volver al propósito de recepción que el
Señor nos ministró. “Como también Cristo nos recibió...” (Romanos 15:7).
“También” significa: del mismo modo, de igual manera, imitando.
Entonces, como el Señor nos recibe con alegría y con fiestas, vamos a
recibir de la misma forma.
¿Vamos a invertir en
los nuevos creyentes? Si así no es, la consolidación pierde la fuerza de
la propuesta de la recepción. “Por tanto, recibíos los unos a los otros,
como también Cristo nos recibió, para la gloria de Dios” (Romanos 15:7).
Estudio
Publicado el 18 de Marzo del 2007
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