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Consolidación, el Corazón
de la Multiplicación
“Después de esto miré, y
vi una gran multitud, la cual nadie podía contar, de todas la naciones,
tribus, pueblos y lenguas. Estaban delante del trono y en la presencia
del Cordero, vestidos de ropas blancas y con palmas en sus manos”
Apocalipsis 7:9
Introducción
Uno de los temas más
difíciles en la Visión Celular es la consolidación. La cuestión es que
muchos están teniendo bastante éxito en el ganar almas, pero no
consiguen mantener el fruto conquistado. ¿Cómo, pues, podremos trabajar
de forma más intensiva para que el fruto sea consolidado y tengamos
menos pérdida posible? Sabemos que esto no es tan fácil, por esto vamos
a buscar del Señor todas las directrices para que tengamos el mayor
éxito posible.
El concepto de la
consolidación necesita estar bien establecido en nuestro corazón, según
los moldes bíblicos. Introductoramente vamos a trabajar mostrando los
principios espirituales de la “consolidación”, es decir, cuál el cuidado
que debemos tener para con los que llegan al Reino De Dios, luego vamos
a estudiar los posibles “métodos y técnicas” de consolidación. Hemos
descubierto que la Visión no funciona sin los principios elementares
básicos; debemos someternos a la unción del Espíritu, y dejar que el
Señor ministre lo que Él tiene de más importante para que esta Visión
tenga pleno éxito, y para que los “métodos” adoptados no sean
frustrados.
Es importante percibir
como cada aspecto de la Visión se va desarrollando y como la Iglesia va
respondiendo a los desafíos de implantación de las Células, de las
Celebraciones, de las Macro-células, de los Seminarios, de los
Congresos, de la Escuela de Líderes y de los demás Encuentros de la
Visión.
Recuerde que las
realidades de cada individuo son diferentes, entonces, sea flexible y
vea que cada uno de estos elementos citados arriba – Células,
Encuentros, Re-encuentros, Escuela de Líderes, Macro-células,
Celebraciones y Congresos – tiene su manera peculiar de administración,
pues sabemos que la unción y la enseñanza en cada lugar tiene su
dinámica y disposición del Espíritu. Podemos adoptar métodos de
orientación del Espíritu, pero los principios deben ser los mismos para
que el éxito se mantenga.
Principios Espirituales
en la Consolidación.
1. Valorización del
Individuo.
Cada persona vale más que
el universo. Debemos ver a las personas como gente. Un día Jesús sanó a
un hombre ciego y le preguntó si veía algo. Él, mirando dijo: “veo los
hombres como árboles”. Entonces Jesús le dijo: “Vuelva aquí”. Y le puso
otra vez las manos sobre los ojos y le ministró cura total de la visión.
Después le preguntó más una vez: “¿cómo ves ahora?” Le dijo el hombre:
“Ahora, yo veo gente como gente y árbol como árbol”.
¿Cuál lección básica
podremos sacar de este texto? Dios no quiere a las personas confundidas,
ni viendo lo que no es para ser visto, cambiando gente por cosas y cosas
por gente. El Señor quiere que haya una valorización del hombre, pues
para esto Él ha muerto y resucitado: para ministrar la esperanza y la
vida eterna. ¿Cuál es, pues, nuestra función? Recibir cada persona con
honra y valorización.
¡Que el Señor nos abra
la visión para que veamos correctamente!
La Iglesia local deberá
hacer un programa de actuación que traiga una gran valorización del
hombre dentro de la comunidad. También, cada líder debe trabajar para
que cada persona que llegue a la célula sea valorada correctamente. Este
es un rescate espiritual, pero debemos utilizar recursos físicos para
bendecir las personas y traer un cierto confort. Vivimos en un siglo de
mucha competencia, pero la Iglesia es quien tiene la autoridad legal de
Dios en la tierra para permanecer en la primacía. Por esto, toda
inversión que hagamos para la recepción de vidas, aún será muy pequeña.
Esto habla de un método
específico para recibir a los nuevos, y esto hace parte de los
principios espirituales. Antes de que recibamos a nuestros hijos, les
preparamos el cuarto, la casa, el médico, la maternidad, toda su ropita,
nuestra estructura emocional, cambiamos nuestros hábitos, etc. Pero, si
pudiéramos haríamos aún más, pues “un hijo es un hijo”. Aún su educación
y todo el cuidado secular de este hijo son trabajados con la mejor
inversión que podamos darle, ¿no es verdad?
Así Dios actuó con
nosotros. Primero, preparó una casa y los recursos de supervivencia,
estableciendo toda la estructura, después hizo que el hombre
usufructuara de todo lo que Él le había preparado. Diríamos que el Señor
estaba “embarazado de la visión” y la llamó obra maestra de la creación:
el hombre. Dios fue, como lo es, altamente responsable. Él cuidó de
todo. De la misma manera debemos invertir en los nuevos hijos de Dios
para no dejarlos hambrientos. Debemos estar conscientes del plantío que
estamos haciendo, para que, cuando llueva, el fruto aparezca. El
problema es que está lloviendo almas, y el suelo no está siendo
fertilizado, ni preparado adecuadamente. Solo tendremos pleno éxito
cuando cuidamos antes del suelo que el Señor nos confió, para que la
productividad no sea desperdiciada.
Queridos hermanos, vamos a
buscar de Dios la sabiduría para cuidar y valorar las vidas. Recuerde
que un alma vale más que todo el universo. Cuidar de los frutos es una
tarea más ardua que la de ganarlos. Nosotros podemos hallar que por el
hecho de que la Iglesia esté “llena”, las personas están consolidadas.
Debemos optimizar nuestro actuar y verificar cuántos están involucrados,
y cómo hacer para involucrar a todos.
Valorice sus discípulos y
ofrezca condiciones para la permanencia de ellos en la célula y en la
iglesia local. Que todos estén debidamente ocupados, haciendo lo que el
Señor mandó que hiciéramos: discípulos en todas las naciones de la
tierra (Mateo 28:19). “Después de esto miré, y vi una gran multitud, la
cual nadie podía contar, de todas la naciones, tribus, pueblos y
lenguas. Estaban delante del trono y en la presencia del Cordero,
vestidos de ropas blancas y con palmas en sus manos” (Apocalipsis 7:9).
“Diré al norte: “¡Da acá!”, y al sur: “¡No los retengas; trae de lejos a
mis hijos, y a mis hijas de los confines de la tierra!” (Isaías 43:6).
Que Dios nos bendiga con una poderosa consolidación.
Estudio
Publicado el 04 de Marzo del 2007
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