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Un Corazón de Conquistador
- Parte II
“Yo haré un pacto
contigo y te multiplicaré en gran manera.”
“Te multiplicaré en
gran manera, y de ti saldrán naciones y reyes.”
Génesis 17:2 y 6
Introducción
Hemos visto en la semana
pasada que el corazón conquistador es el corazón del hombre que tiene
proyectos de vida y que decidió vivir los sueños de su líder. Tal
corazón es sumiso a la autoridad y no se deja llevar por sus propios
deseos o sentimientos. Él es alguien que reconoce y respeta el
liderazgo, pues sabe que hay hombres llamados por Dios a asumir todos
Sus retos y desafíos y que poseen un carácter que se somete al
tratamiento de Dios para, así, poder encaminar a todos los que se unen a
ellos en sus proyectos de vida.
Hemos aprendido, también,
que Abraham era un líder de corazón conquistador que se sometió al
liderazgo de Dios y recibió de Él la responsabilidad de medir la tierra
en su largura y anchura.
Largura y Anchura –
Esta expresión resume todo para un líder conquistador. Él tiene que
entender cual es el espacio de su tienda y hasta donde quiere
conquistar. Largura y anchura hablan de una conquista integral. No
conquiste la Tierra por la mitad, hágalo integralmente. Su corazón de
conquistador debe saber que nada le es demasiadamente difícil, ni
imposible. Para que esto se haga más claro, debemos saber que solo puede
conquistar aquel que:
1) Es libre. No hay como
avanzar se existen cosas pendientes que nos amarran. Algunas personas se
sienten como si sus manos no estuvieran preparadas para bendecir y sus
pies no estuvieran listos para correr, llevando el Evangelio. Esto
significa que hay ataduras en estas personas. Es necesario detectar el
problema y resolverlo, para que reciban una mentalidad de hombres y
mujeres libres. Algunos están libres, pero aún tienen una mente presa.
Estos tienen que admitir que sus pies son veloces y que sus manos son
adiestradas.
2) Nació de nuevo.
Quien pasó por el nuevo nacimiento no vive sólo para ocupar un espacio.
Vino al Reino de Dios para conquistar todo lo que Dios le puso en sus
manos. La Biblia dice que, si nacemos de nuevo, somos embajadores de
parte de Cristo (2 Corintios 5:17-20). Si no tenemos esta conciencia,
nos quedaremos sentados en los bancos de la Iglesia.
3) Establece en su
corazón la tierra que va a conquistar. Abraham tenía la promesa de Dios
de que Canaán, una tierra extranjera, sería de él. Él salió de una para
otra nación con la mentalidad preparada para la conquista y no para ser
esclavo. Dios nos dará esta mentalidad de hombres libres llamados por Él
para la conquista de territorios dentro de las naciones y para que
establezcamos la embajada espiritual en aquel espacio físico.
4) Rompe con las viejas
estructuras. Estas estructuras están relacionadas a tres niveles:
familiar/personal; social/humanista y cultural/pagana.
Abraham tuvo que hacer una
opción familiar, social y cultural. Hoy, una de las cosas que más
perjudican a las personas, impidiéndolas de que vengan a Jesucristo es
la cuestión cultural romana. Estas personas están presas a la religión.
Rompa con las viejas
estructuras y asuma la mentalidad libre de quien nació de nuevo. El
corazón conquistador proclama día y noche aquello que Dios imprimió en
su corazón. Cuando la realización de una conquista entra en nuestro
corazón y es verdad para nosotros, nos plantamos obstinadamente en ella
hasta que ella se cumpla.
Hable de la tierra y véala
conquistada dentro del espacio sobrenatural, hasta que ella venga al
mundo físico. Usted será conocido como un hombre o una mujer de corazón
conquistador y todos verán el resultado de esto en su vida.
Estudio
Publicado el 11 de Febrero del 2007
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