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Un Corazón de Conquistador - Parte I


 

“Yo haré un pacto contigo y te multiplicaré en gran manera.”

“Te multiplicaré en gran manera, y de ti saldrán naciones y reyes.” 

Génesis 17:2 y 6

 

 

Introducción

 

El corazón conquistador es el corazón del hombre que tiene proyectos de vida y que decidió vivir los sueños de su líder. El corazón de un conquistador es sumiso a la autoridad, para que no sea encaminado por su propio deseo, por su propio corazón, por sus sentimientos o por las nociones básicas de su propia alma. Él es alguien que reconoce y respeta el liderazgo. Él sabe que hay hombres llamados por Dios, cuyo carácter se somete al tratamiento de Dios para, así, poder encaminar a todos los que se unen a ellos en sus proyectos de vida.

 

Abraham era un líder de corazón conquistador, pero él poseía un líder que le enseñaba como caminar, un líder de alianza que le ayudaba a mantener los niveles de los proyectos colocados en su corazón, que le comprometía con alianzas en cada paso del camino.

 

Si usted quiere tener un corazón conquistador, necesita ser una persona con un carácter y un corazón de alianzas, sabiendo que hay alguien ministrando sobre usted. Nosotros ya tenemos varios niveles de liderazgo: líderes de células, de los doce, de los 144, de los 1728 y, en los próximos años, de los 20.736, que serán líderes de una gran multitud.

 

El corazón del líder es aquel que se somete para tener liderados sometidos, que obedece para tener liderados obedientes. Abraham se sometía al consejo de su Señor y por eso personificó la expresión “hombre de fe”, porque se sometía a un consejo sobrenatural. Si queremos conquistar en el reino físico, vamos a tener que asimilar los consejos sobrenaturales.

 

Abraham se hizo un líder ejemplar y la Biblia dice en Gálatas 3 que la misma semilla de Abraham, por causa de Jesús, está dentro de nosotros. Es un semilla de fe y de coraje, es sobrenatural é incorruptible (1 Pedro 1:23). No es una semilla humana, es divina, que está dentro de nosotros para que asimilemos las cosas divinas y para que las traigamos para este espacio físico.

 

Abraham conquistó la tierra física, porque supo traer la tierra espiritual. Esto significa que la oración de Jesús no se va a quedar sin respuesta: “Venga tu Reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra.” (Mateo 6:10), porque Jesús tenía el corazón de conquistador, que vive empeñado en traer esta dimensión sobrenatural para el natural.

 

¿Cómo, pues, podemos conquistar integralmente?

 

Midiendo la Tierra – Existe una orden específica de Dios para Abraham, para que midiera la tierra en su largura y anchura (Génesis 13:17, 18). Medir la tierra en su largura y anchura significa:

 

    a. Una orden de Dios. No es un deseo de sentimientos humanos. No fue Abraham quien decidió medir la
       tierra. Él no tenía este entendimiento natural, mas fue un mover sobrenatural de Dios sobre su vida.

 

    b. Un desafío al trabajo. Esto significaba sumar esfuerzos y tener mucho trabajo. Mida la tierra hasta el
        tamaño que pueda usted.

Largura y anchura son dos dimensiones que hablan de una conquista completa. Es ocupar exactamente el territorio que Dios nos dio. Si poseímos la mentalidad de llegar a ser enviados a las naciones, no podemos quedarnos pensando solamente en Bolivia. Somos los representantes legales del Cielo en el mundo, para ir a las naciones y hacer de ellas discípulos de Jesucristo (Marcos 16:15).

 

¿Consigue usted alcanzar la amplitud de esto? ¿Puede usted ser alguien a quien Dios va a enviar por el mundo a predicar el Evangelio y hacer discípulos? Prepare su pasaporte, adquiéralo, porque en breve usted podrá estar llevando la Palabra de Buenas Nuevas y conquistando la tierra en su largura y anchura. Imagínese en Madrid, en Roma, en Jerusalén…

 

Para ganar a las naciones, basta que creamos y que hagamos una pequeña cosa que el propio Dios nos demanda en el Salmo 2:8:

“Pídeme, y te daré por herencia las naciones y como posesión tuya los confines de la tierra.”

 

Nuestro problema es la incredulidad y el miedo de pedir y de comprometernos con lo que pedimos, o el miedo de frustrarnos. Comprométase, libere la palabra, séllela en el reino del espíritu. Haga lo que dice el Salmo 2:8, sabiendo que será desafiado al trabajo. Usted tendrá muchas células, sobrepasará sus blancos y el Reino de Dios será implantado a través suyo. Pero, no se olvide de que usted tendrá trabajo.

Usted es un líder de multitudes. ¿Sería esto una utopía? Es que el mismo Señor nuestro Dios habló también de cosas “utópicas” que, hoy día, son una realidad delante de nosotros. El que realizó estas “utopías” no fue tan solamente Dios, mas también todos los hombres y mujeres de coraje que osaron hablar y conquistar exactamente lo que Dios les dijo y ordenó hacer.

 

Estudio Publicado el 04 de Febrero del 2007

 

 

 

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