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Sea Fiel y Quiebre las
Maldiciones en Su Vida Parte II
“La maldición de Jehová
está en la casa del malvado, pero bendice la morada de los justos.”
Proverbios 3:33
“Por cuanto no salieron
a recibir a los hijos de Israel con pan y agua, sino que dieron dinero a
Balaam para que los maldijera; pero nuestro Dios volvió la maldición en
bendición.” Nehemías 13:2
Deuteronomio 28:1-33
Introducción
Hemos visto, en la semana
pasada, que una de las áreas en la cual el enemigo ha trabajado para
destruir a los hijos de Dios es la de las finanzas. Siendo así, debemos
santificar nuestras finanzas y diezmar por los intereses de Dios.
Hoy veremos algunos pasos
más rumbo a la perfecta fidelidad.
1. Ordenar que la
maldición sea rota.
La maldición es
reivindicada por el enemigo por un pacto en el reino del espíritu. Las
alianzas nos prenden en el reino espiritual, por eso, tenemos que
quebrar todas las alianzas del pasado. Aun hay en la Iglesia mucha gente
con el espíritu de locura, de pobreza, de suicidio, de depresión, de
alcoholismo, etc., por causa de una herencia, que no es biológica, no es
congénita ni sicosomática, mas sí espiritual. Todo contracto hecho en el
reino físico tiene validez en el reino del espíritu. Personas que fueron
maldecidas por sus padres pueden quebrar estas maldiciones por la Obra
de la Cruz del Calvario, porque la Biblia dice que la maldición nunca
viene sin causa (Proverbios 26:2b).
2. Asumir la
postura de soldados.
Para que quebremos la
maldición, tenemos que posicionarnos como soldados, como guerreros,
porque nadie quiebra una maldición tan solamente con un decreto.
Quebramos la maldición con actitudes. Para eso necesitamos recordar
algunas cosas:
No es cualquier soldado
que quiebra cualquier nivel de maldición. Él necesita estar entrenado
específicamente para no presentar resquicios de Roma en su vida o de
herencias familiares malignas. La mayoría de nosotros estableció, desde
nuestra infancia, alianzas con Roma, a través de los rituales romanos de
“bautismo”, “primera comunión”, “confirmación”, etc. Pero, en 2
Corintios 5:17, tenemos una promesa de que aquel que está en Cristo es
una nueva criatura y ya no tenemos que estar presos a ninguna herencia
romana.
Este soldado necesita
estar consciente de los decretos que pronuncia. En nuestra boca está el
poder de la vida y de la muerte, de la bendición y de la maldición. “La
muerte y la vida están en poder de la lengua; el que la ama, comerá de
sus frutos. (Proverbios 18:21). Todo lo que hablamos son semillas que
caen en el suelo y producen según lo que fue hablado.
Conclusión
En Gálatas 3:13 está
escrito que Jesucristo nos ha rescatado de toda maldición, haciéndose
maldición en nuestro lugar. Pero, aún así, muchos entre nosotros,
ignoramos la redención, andando en nuestra propia ruta y dando voz y
acción a nuestro viejo hombre. De este modo, nos quedamos atados, presos
en el reino del espíritu y perseguidos por las maldiciones.
Pero, hay una promesa en
este mismo texto: Jesús nos sacó de la maldición de la Ley y nos dio una
herencia en Abraham. La semilla de Abraham está en nosotros (Gálatas
3:29). Es la semilla de la prosperidad. Para que podamos requerir
nuestra prosperidad, tendremos que entrar en una guerra espiritual
diaria. Satanás va a procura las mejores inversiones para intentar
sacarnos del camino y de la promesa. Pero la semilla de Jesús está
dentro de nosotros; ella nos da el derecho para rescatar nuestra
herencia y nos hará prósperos.
Estudio Publicado el 28
de Enero del 2007
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