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Conquistadores de
Autoridad – Parte III
"Desde los días de Juan
el Bautista hasta ahora, el reino de los cielos sufre violencia, y los
violentos lo arrebatan.”
Mateo 11:12
Introducción
Estamos autenticados por
adentro por el Espíritu Santo de la promesa. Estamos sellados y, este
sello nos da las garantías de que somos ciudadanos del Reino de Dios. La
carta de Pablo a los Corintios, en su capítulo cinco, versículo 17, nos
dice que usted nació de nuevo, pero el versículo 20 autentica: “si usted
ha nacido de nuevo y es de este Reino, usted es un embajador de parte de
Cristo. Um embajador es aquel que representa a su gobierno y a su corte.
Es aquel que tiene autoridad legitimada para representar al Reino de
Dios. Por lo tanto, necesitamos tener actitudes de conquista, tales
como:
1. Echar afuera
toda la cobardía
En este Reino no hay lugar
para cobardes. Cobardía no siempre significa huir o esconderse. Hay
personas que no se esconden, no huyen, pero que son cobardes. Son
aquellos que avanzan en una intención y propósitos malignos. Ellos
“abrazan” para “apuñalear” más adelante. ¡Y esto lo hacen dentro de la
Iglesia! Esto es ser cobarde tanto cuanto el huir de una guerra. En la
Iglesia no puede haber esta clase de gente, porque los cobardes
encabezan la lista de los que van al infierno:
“Pero los cobardes e
incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros,
los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que
arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda.”
Apocalipsis 21:8
Algunas personas mienten a
fin de esconder sus debilidades; otras son disimuladas, dicen que son
una cosa que no son y dentro de si mismas saben que no son lo que
afirman. Hay también aquellos líderes promotores del fracaso. Esos son
los peores cobardes, pues enseñan el camino del fracaso a la Iglesia.
Pierden tiempo hablando que las cosas que ocurren en Iglesia son del
diablo, pero no hablan lo que es de Dios. Pero todo eso por falta de
entendimiento. El resultado es que creyentes y no creyentes se quedan
sin entender cosa alguna y el Reino de Dios no avanza. Dios, nuestro
Padre, no va a traer liberación y sanidad en esta guerra para que
podamos conquistar más este territorio.
“Porque no nos ha
dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio
propio.”
II Timoteo 1:7
2. Valorar la
Sangre del Cordero
No hay guerra mejor que
esta: “luchamos en contra de un enemigo vencido”. Y, todo esto porque la
sangre de Jesucristo nos garantiza la victoria. ¿Sabe usted cuánto vale
la sangre del Cordero de Dios? Pasamos por la vida sin que sepamos
cuánto vale esta Sangre y, muchos de nosotros, líderes, pastores y
profetas, “invalidamos” la Sangre del Cordero en la vida de las
personas, porque creemos que las personas nunca cambian. Pues yo le
quiero decir que la Sangre del Cordero de Dios cambia el más degenerado
pecador y éste pasa a ser llamado de nueva criatura en Cristo Jesús, la
Novia del Cordero de Dios.
“Entonces oí una gran voz
en el cielo, que decía:
«Ahora ha venido la
salvación, el poder y el reino de nuestro Dios
y la autoridad de su
Cristo, porque ha sido expulsado el acusador
de nuestros hermanos, el
que los acusaba
delante de nuestro Dios
día y noche.
Ellos lo han
vencido por medio de la sangre del Cordero
y de la palabra del
testimonio de ellos,
que menospreciaron sus
vidas hasta la muerte.”
Apocalipsis 12:10, 11.
Conclusión
Hemos visto hoy elementos
importantes con miras a un carácter conquistador.
Dos actitudes fueron
destacadas en este estudio. La primera se refiere a una actitud de
cobardía. Debemos huir de ella, haciéndonos hombres y mujeres valerosos.
La segunda se refiere al propio Mesías. Debemos valorar Su sacrificio,
Su Sangre. Se tenemos en cuenta estos dos elementos estableceremos más
dos pilares rumbo a una conquista de autoridad.
Estudio Publicado el 29
de Octubre del 2006
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