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Sumergidos en los Ríos de
Dios
"Y toda alma viviente que
nadare por dondequiera que entraren estos dos ríos, vivirá; y habrá
muchísimos peces por haber entrado allá estas aguas, y recibirán
sanidad; y vivirá todo lo que entrare en este río. Y junto a él estarán
los pescadores, y desde En-gadi hasta En-eglaim será su tendedero de
redes; y por sus especies serán los peces tan numerosos como los peces
del Mar Grande."
Ezequiel 47:9-10
Ezequiel 47 describe el
río de Dios que tiene todos los tipos de cardúmenes. Los cardúmenes no
se mezclan los unos con los otros, pero están dentro del mismo río y se
alimentan en las mismas aguas. Así son las células homogéneas, que están
dentro de un mismo río, una misma visión, mas tienen objetivos
específicos para sus respectivas redes, cumpliendo el objetivo de cada
grupo homogéneo. Precisamos comprender que, si estamos en el río de
Dios, vamos a estar inmersos en las mismas aguas, comiendo el alimento
que viene de estas aguas.
Los peces de cada cardume
se protegen permaneciendo todos juntos, para transmitir al depredador la
sensación de poder. Así se mantienen unidos y cuanto más unidos estén
los peces, más difícilmente serán atacados por los depredadores. Pero,
un pez que anda solito es presa fácil. De la misma manera, cuando
estamos todos juntos y unidos, el enemigo puede atacarnos pero no nos
puede atrapar. Si estamos aislados, podemos caer en el lazo del
depredador.
Por eso, nunca ande sólo,
ni resuelva problemas o tome decisiones solito. Busque siempre a persona
de su discipulador y enseñe a sus discípulos a buscarle a usted. Pida a
Dios que sobre su vida esté la Gracia para que suplante la angustia, el
stress, el temor y la irritación. Es que cuando estamos angustiados o
cansados, perdemos la reflexión, y en esa pérdida comenzamos a decir
cosas impensadas.
Un río y todos sus
afluentes, que provienen de una fuente, pasan por dificultades cuando
llega la época de la sequía. Aunque no descienda el nivel de la esencia,
desciende el nivel de agua. El agua puede estar corriendo poco, mas la
esencia del agua que corre ahí es la misma de la fuente. Pero, cuando
vienen las lluvias - el avivamiento - el río llena su lecho y desborda
en la proporción esperada o quizás hasta mayor. Y, cuanto más agua, más
necesidad de un cause mayor para que ella pueda correr por él. Todo río
procura brazos posibles para correr y no se detienen por nada, hasta que
llega al mar.
Su vida, amado discípulo,
es el lecho por donde corre el río de Dios, y ese lecho debe desbordar e
inundar a todos los que están a su alrededor a fin de que todos ellos se
puedan sumergir en las aguas del Señor y se transformen también en
lechos límpidos y útiles para los propósitos de Dios en la tierra.
Estamos viviendo tiempos
proféticos donde una unción tremenda de avivamiento está siendo
derramada sobre nuestra ciudad y nación. Hoy el Señor levanta en nuestro
medio a una generación de padres y madres de multitudes. Es que las
crecidas del Río de Dios están llegando a nuestra tierra y, como las
aguas están creciendo, vamos a necesitar de más y mayores lechos, de más
brazos para que el río corra.
En Ezequiel 49:10 se hace
mención a la extensión de tierra que será bendecida con la crecida del
Río: "Desde En-gadi hasta En-eglaim". Eso nos habla de un lugar amplio
para que podamos extender nuestras redes y pescar a los cardúmenes, que
serán "como peces del Mar Grande, en multitud excesiva".
Este es el tiempo para
zambullirnos en el Río de Dios y para que saquemos de él todos los peces
que Él está permitiendo que entre en la red de las células, de las
celebraciones, de las macro-células y del evangelismo personal. Seamos,
pues, parte de este momento profético de cosecha de vidas sin precedente
en la historia de la Iglesia del Señor Jesucristo.
Estudio Publicado el 20
de Agosto del 2006
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