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La Siembre y La Cosecha
Hemos visto la
importancia del sembrar para poder cosechar. Y vimos también que si
estamos plantando una buena semilla y luego después plantamos una mala
semilla, ésta destruirá la cosecha y nos hará perder todo el trabajo.
Ahora viene la pregunta clave para todos nosotros que estamos
involucrados en la Causa de Cristo. ¿Qué es lo que necesitamos hacer
para que ocurran las señales, las maravillas y el mover poderoso del
Espíritu Santo en nuestro medio?
La respuesta
es sencilla: si no sembramos primeramente es mover en nuestras vidas y
alrededor nuestro, tal avivamiento no se dará. Es por eso que urge,
primeramente que nos dediquemos a la oración, al testimonio y a la
predicación del Evangelio del Reino de Dios.
Al hacer así, el Señor
cooperará con nosotros y confirmará la Palabra, que hemos predicado y
sembrado, por medio de la operación de señales y maravillas que se
siguen – Mateo 7:13,14; Marcos 16:20; Lucas 9:60-62, 14:33; Hechos 9:31.
Ahora, cuando
sembramos, encontramos diferentes tipos de suelo, que son las personas y
sus corazones (Marcos 4:1-20). Según Jesús, nuestro objetivo debe ser
siempre el de encontrar la buena tierra. Jesús llama nuestra atención
para el objetivo mayor de esta parábola que es el de trabajar para que
la Palabra sembrada venga a producir cien veces más. Lo que significa
decir que debo trabajar primero todo el terreno que encuentre (las
vidas). Así no estaré trabajando en vano, ni desperdiciaré tiempo,
energía y esfuerzo, pues si voy a sembrar en buena tierra la cosecha se
dará con seguridad y debo buscar la mayor producción que me sea posible.
Todo comienza con
oración, ayuno, obediencia y siembra - Hechos 10:29,30. Necesitamos
sembrar donde quiera que vayamos. En el transporte urbano, en el
trabajo, en la escuela y la facultad. Necesitamos conversar entre
nosotros sobre la Palabra, compartiendo y memorizando textos bíblicos
completos. ¿Para qué sirve la Palabra recibida, si ella va a estar
escondida para siempre? Todos podemos producir a ciento por uno. Él que
tenga oído para oír, que oiga.
Cualquiera que oye
puede tener más del Reino de Dios (Marcos 4:21-25). Y la Biblia dice que
son bienaventurados los que oyen la Palabra de Dios y la guardan (Lucas
11:28) y que la fe viene por el oír la Palabra de Dios (Romanos 10:17).
Por lo tanto, todo empezó con una siembra. Este fue el inicio. Alguien
estuvo sembrando. En la parábola todos podían tener más. Todos oyeron la
Palabra, aunque reaccionaron diferentemente.
Todo el Reino de Dios
está basado en el Principio: Sembrar para producir cien veces más. Esto
significa que ni siquiera hay que entender como esto ocurre. Con
seguridad, lo que sea sembrado crecerá de manera grandiosa: fe, obras de
sanidad, obras de arrepentimiento y salvación, discipulado, finanzas,
obras de socorro, etc. Esta es el principio del operar de Dios – Su
Palabra de Dios es VIDA (Marcos 4:26-29, 30-32). La Fe, para ser
aumentada, tiene que ser sembrada como una semilla de mostaza (Lucas
17:5, 6). La palabra de salvación producirá salvación; la palabra sobre
los dones producirá la manifestación de los mismos, etc.
Cuando sembramos la
Palabra, ella crece; no sabemos como, pero sabemos que es así ocurre. Es
tan importante el sembrar que el apóstol Pablo llega a admitir que esta
obra puede ser hecha por envidia o contienda. El poder está en la
Palabra de Cristo y cada uno va a dar cuenta de si mismo delante del
Señor (Filipenses 1:15-18).
Vamos a cosechar en la
proporción de la siembra. Es un principio general. Dios es quien da la
semilla al sembrador y es Él quien multiplica los frutos de la sementera
(2 Corintios 9:6-10). A través de la siembra, los ministerios del cuerpo
de Cristo son activados. La siembra de la Palabra, en oración y
obediencia, será siempre acompañada del mover del Espíritu Santo, de Sus
señales y de las operaciones de Dios (1 Corintios 12:28, Hechos
10:44-46).
Publicado el 18 de
Junio del 2006
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