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El Modelo de Jesús – Parte Final

“Jesús les respondió: — ¿No os he escogido yo a vosotros los doce…?”

Juan 6:70a.


 

Verdad Central

            

Nuestro Señor Jesús utilizó de mucha creatividad y de mucho esfuerzo para evangelizar nuestro Planeta en toda su diversidad geográfica. Hoy por hoy podemos aprender de Él a fin de que podamos conquistar velozmente las vidas para Su Reino.

 

Introducción

La Iglesia de nuestro Señor Jesucristo posee en los días actuales el Modelo para una conquista veloz en el mundo del espíritu y con resultados sorprendentes: La Iglesia en Células en el Modelo de los Doce. Una multitud acude al Reino bajo el liderazgo de Doce líderes que coordinan, ayudan y dan dirección y dinamismo al Cuerpo vivo de Cristo.

 

Empezamos a compartir, en nuestro estudio anterior, cómo el Señor Jesús empezó levantando su Equipo de Doce. Y vimos que, inicialmente, lo hizo llamándolos de en medio a sus discípulos. Todo empezó con un llamado. Seguiremos, hoy, en la misma línea de pensamiento. 

 

Segundo: La elección de los Doce

¿Qué pensaríamos nosotros del Equipo de Doce (Dódeka) de Jesús que fue llamado a administrar con la mente de Cristo y no con la mente del mundo? ¡Esta no fue una tarea sencilla para nuestro Señor! Esta tampoco será una tarea sencilla para nosotros, pues no vamos a encontrar las personas listas para este desafío y, si no invertimos tiempo en ellas, no tendremos la respuesta adecuada. El Dódeka es exactamente inversión de tiempo. Cuando el Señor Jesús escogió Su equipo, Su deseo fue el de entrenarlos para que pudieran responder lo más cercano a Su propuesta.

 

Muchos quieren que sus Doce sean lo que ellos nunca invirtieron y que hagan lo que nunca les fue enseñado. Pero, ¿es esto honesto? De hecho, la Biblia nos habla que haremos cosas grandes y extraordinarias pero, ¿cómo será eso posible? Exactamente en la aplicación del Dódeka, entrenándolo y equipándolo persistentemente. El problema es que queremos personas listas, pero, ni aún nuestro Maestro las tuvo. Por eso, Jesús se esmeró en capacitar a Su equipo de Doce (Dódeka), hablándole directamente y enseñándole lo que debía hacer.

Jesús llamó a los Doce, los llevé a lugares reservados, los entrenó y ministró a sus vidas, les dio un curso práctico de liberación, sanidad, restauración, milagros y de resurrección. El Equipo Dódeka fue práctico.

Nuestro problema es que somos líderes de Doce y no tenemos señales prácticos de liberación, sanidad, restauración, milagros y, lo más relevante, no hay señales de resurrección ni siquiera en el carácter. ¿Qué hacer? Buscar Mentores que nos enseñen, disciplinen y nos levanten en el Dódeka, que es la acción del Reino. Entonces, seremos Doce con liberación, sanidad, restauración, señales y milagros. Eso traerá seguridad al que discipulador y los discípulos que nos siguen.

 

Recordemos que los Doce tuvieron un legado de privilegio: ser del Equipo de Jesús. Pero, una cosa era aún mayor que el privilegio, la RESPONSABILIDAD de hacer cosas mayores que las que hizo el Maestro. Este fue un desafío dejado por Jesús para todos los que llegan a ser Dódeka.

 

Cualquier uno quiere seguir a un líder que tenga palabra de conocimiento y unción para orar y tener las respuestas de Dios, para imponer manos y ver la sanidad, la liberación y la resurrección en la vida de muchos. Quizás, un líder no sea Doce ni tenga Doce, pero si él tiene estas señales de milagros en su vida, muchos le seguirán y se harán discípulos suyos.

 

Para que no seamos Doce frustrados, necesitamos la osadía de nuestra fe y ser ministrados y desatados en esta unción, edificados en nuestra santísima fe para que los discípulos vean mucho más que doctrina, vean el poder de Dios en plena operación. Muchos confían sólo en la enseñanza y en los escritos como los escribas.  “Cuando terminó Jesús estas palabras, la gente estaba admirada de su doctrina, porque les enseñaba como quien tiene autoridad y no como los escribas.” (Mateo 7:28-29). Jesús ministraba con autoridad.

El Maestro del Dódeka enseñaba, ministraba y hacía milagros, sanidades y resurrecciones). Ese era el líder de los Doce y, por eso, se hizo el mayor líder de autoridad, pues enseñaba lo que vivía y vivía lo que enseñaba. Es un problema en el discipulado cuando falta la autoridad.

 

Muchos están comprometidos con el ministerio, pero ni en las células, ni en los equipos de Doce, ni en la Congregación poseen la manifestación de milagros. La señal del Reino que nos dejó el Señor Jesús fue: “Estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios, hablarán nuevas lenguas, tomarán serpientes en las manos y, aunque beban cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán.” (Marcos 16:17,18). Es eso lo que está faltando en los equipos de Doce (Dódeka), el coraje para hacer crecer la credibilidad para la formación del equipo de Doce y para la manifestación de las señales que dan respaldo al ministerio.

 

Llegó el tiempo para vivir esos milagros, pues el poder de la cosecha está asociado a las señales, prodigios y maravillas. Una generación no podrá estar bajo el manto de conquista con esta deuda, presentando solamente la prosperidad, la enseñanza, la restauración y la edificación del Cuerpo de Cristo, que nos son legítimas, pero será también conductora de avivamiento y todo el equipo será apostólico (Dódeka es apostólico).

He aquí uno de los mayores desafíos de la historia: probar que somos hombres de Dios, y no solamente ministradores de púlpitos. El discurso es bueno, pero sin las señales es como la fe sin obras, el óbito estará a nuestra puerta (Santiago 2:20).

 

Está naciendo una generación que está creyendo que es posible tener esa unción en su vida, pues estamos dispuestos a ser entrenados (Dódeka) para ser los administradores de los milagros del Reino y tener una vida de autoridad, pues a los patriarcas de los Doce Jesús enseñó que el discurso es importante, pero las señales son fundamentales (Mateo 10).

 

Conclusión

Somos llamados a vivir la esencia del Reino de Dios y a ser movidos por una autoridad sobrenatural, que no sea fruto de la mente humana, pero, sí, del Espíritu de Dios. Lo que necesitamos es de una generación que esté dispuesta a vivir el Dódeka (administración de forma divina) y dejar que las señales, los prodigios, las maravillas y los milagros se manifiesten, porque Dódeka es apostólico. Si es manto apostólico está sobre nosotros, necesitamos ver los milagros en los registros de nuestra vida personal o en nuestros equipos de Doce.

Se acercan los días en que veremos milagros tan grandes bajo este manto apostólico donde las multitudes serán atraídas. Necesitaremos, pues, organizar los equipos, como lo hizo José al edificar los graneros y al poner administradores en cada ciudad, hombres habilitados para cuidar la cosecha, haciendo que una explosión ocurriera.

 

¡Llegó el tiempo de la cosecha! Dios dará éxito a los equipos que están siendo consolidados. Crea y reciba, pues la mayor cosecha de todos los tiempos ha llegado a su territorio. Que el Dódeka del Reino sea consolidado en su vida y su historia.

“¿No los he escogido yo a ustedes doce?” ¡Palabras de Jesús!

Estudio Publicado el 04 de Octubre del 2009

 

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