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Dos Niveles de Prosperidad
“El anciano a Gayo, el
amado, a quien amo en la verdad. Amado, yo deseo que tú seas prosperado
en todas las cosas y que tengas salud, así como prospera tu alma. Mucho
me regocijé cuando vinieron los hermanos y dieron testimonio de tu
verdad, de cómo andas en la verdad. No tengo yo mayor gozo que oír que
mis hijos andan en la verdad.”
3 Juan 1-4.
Verdad Central
Hay niveles de
prosperidades en el Reino de Dios y necesitamos comprender el llamado de
Dios para nosotros a fin de que, como hijos Suyos, podamos usufructuar
de todas las riquezas de Su Reino.
Introducción
Estamos experimentando
viviendo, en los cielos de Bolivia, una nube de bendición, de
quebrantamiento, de avivamiento y de prosperidad. No podemos perder ni
dejar pasar este tiempo de visitación.
Muchas veces, cuando
hablamos en prosperidad, las personas piensan luego que vamos a
ministrar sobre diezmos y ofrendas. Pero, no es solamente eso que
representa la prosperidad que viene de Dios. La tercera carta de apóstol
Juan nos advierte que debemos ser prósperos en nuestra vida así como
nuestra alma es próspera.
En estos días el Señor nos
quiere enseñar que la unción de prosperidad vendrá sobre nosotros y que
tendremos provisión de parte de Él para que vivamos dignamente en esta
Tierra, que Él nos dio como heredad. Crea, pues, y así será sobre su
vida.
La prosperidad financiera
está íntimamente relacionada con la sabiduría (espíritu) y con la
inteligencia (mente). Es por eso que la prosperidad demanda que seamos
sabios, pues toda persona sabia está abierta al aprendizaje para seguir
prosperando en cada área de su vida. El individuo inteligente se siente
completo en sí mismo. Pero, para que la inteligencia sea buena debe
estar sumada a la sabiduría.
Debemos y podemos ser
prósperos. Pero, hay dos condiciones para eso:
1. Ser prósperos
naturalmente.
Hay personas que son
prósperas porque ya nacen con un alma próspera. Hay una química
espiritual en eso que hace que la persona tenga ganas de superación y de
victoria en su vida. Es como una pared ya preparada que había sido bien
cimentada anteriormente.
Estas personas poseen un
tipo de velocidad diferenciada en todo lo que hacen. Normalmente, nunca
están satisfechos con lo que tienen, a pesar de que puedan tener una
vida agradecida, vuelan más rápidos porque son receptivas.
2. Trabajar por la
prosperidad.
El discípulo trabajado es
aquel que permite que se hagan inversiones en su vida. Sabemos que para
que sembremos en la tierra, es necesario que la preparemos primero. Lo
mismo se da con nosotros: es necesario que preparemos la tierra de
nuestro corazón.
A veces, para que seamos
trabajados, tenemos que enfrentar muchas dificultades por causa de
algunos traumas del pasado o por recepciones malignas que hemos
adquirido. Por eso es necesario tiempo para que un especialista, el
discipulador, realice todo un trabajo de sedimentación.
Es necesario, también, que
tengamos coraje para que nos dejemos trabajar, así como es necesario que
tengamos un líder corajoso sobre nosotros. No debemos, pues, tener
recelos de dejarnos trabajar, por más difícil que parezca este trabajo.
Debemos creer que somos la buena tierra que, luego de un periodo, dará
alegría al corazón de nuestro discipulador que no desperdiciará su
experiencia con nosotros, mas que sabremos valorarla.
Naturalmente o trabajados,
son dos niveles de prosperidad que pueden llevarnos a decisiones
profundas, porque nos desafían a salir de una vida de mediocridad. En
este proceso, el discipulador y el discípulo deben mirar para todas las
situaciones que se interpongan como un trabajo de inversión para moldar
la personalidad. No habrá pérdidas de tiempo o de inversión.
Hay personas que nacen
como mendigos y se transforman en reyes. Otras que nacen como reyes mas
se hacen mendigos. Dios nos enseña que no debemos renunciar a nuestra
herencia de hijos. Podremos hasta ser plebeyos, pero, cuando nuestra
alma decide por Dios y Sus propósito, cambiamos toda nuestra posición.
Las personas, los equipos,
las instituciones, los pueblos... todos prosperan por decisión. Somos
nosotros los que decidimos ser quiénes deseamos ser… La elección será
siempre nuestra. Es el hombre que decide lo que quiere ser.
¿Ya decidió usted lo que
quiere ser? Podemos citar el grande ejemplo bíblico de nuestro padre
Abraham. Él vivió cumpliendo principios y, aún hoy día, es una
referencia para nosotros. Fue padre cuando ya estaba con 100 años y vio
cumplida la promesa de Dios en su vida. Dios escogió Abraham porque él
era un hombre que cumplía principios. Observe que Abram con Sarai
engendraron a Ismael, pero Abraham con Sara engendraron a Isaac. Antes
de tener sus nombres (identidades) cambiados (as) caminaban bajo su
egoísmo y su propia voluntad. Nosotros somos hijos de Abraham y de Sara.
Somos hijos legítimos y no podemos estar involucrados en un evangelio
anatema de maldición. Necesitamos estar involucrados en un Evangelio
ministrado por hombres de Dios.
Cuando Jesús nació trajo
el milagro de las luces sobre nosotros. Con él, nació el discipulado.
Hoy Él convoca a Su Iglesia a retornar a la doctrina del Mesías, a andar
correctamente, pues cuando somos lanzados al suelo debemos producir
crecimiento.
El prosperidad del Reino
de Dios tiene como misión el administrar todo lo que Dios nos ha dado.
Esta misión nos capacita a gerenciar todas las causas que llegan a
nuestras manos. Recordemos que, cuando el pueblo de Israel recibió la
promesa de la tierra prometida, fueron instruidos a trabajar la tierra,
para que, en el momento cierto, los hijos de Dios pudiesen entrar.
Estamos cambiando nuestra
Bolivia para que llegue a ser la nación según el corazón de Dios.
Nuestra victoria en este menester viene de Él, que nos garantiza triunfo
para nuestras vidas. Seremos conocidos como hombres y mujeres de Dios,
prósperos y victoriosos en una nación cuyo Dios es el Señor.
Estudio publicado el 16 de
Agosto del 2009
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