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El Discípulo Fiel, un Líder Ejemplo

“Pero cuando Timoteo regresó, nos dio buenas noticias de vuestra fe y amor, y que siempre nos recordáis con cariño, y que deseáis vernos, como también nosotros a vosotros. Y enviamos a Timoteo, nuestro hermano, servidor de Dios y colaborador nuestro en el evangelio de Cristo, para confirmaros y exhortaros respecto a vuestra fe.”

1 Tesalonicenses 3:6, 2.

 

 

Verdad Central

 

La Biblia requiere que usted sea fiel a Dios. Sabemos que, para que eso ocurra, es necesario que también seamos fieles a los hombres en la tierra, a nuestros líderes. Todo discípulo fiel se transforma en un líder ejemplo, un discipulador modelo.

 

Introducción

         

La fidelidad del discípulo depende de la alianza que él tiene con Dios. Muchas veces decimos a Dios que somos fieles, pero no conseguimos esconder de nuestro discipulador que somos infieles. En la teoría, es muy fácil que el discípulo se autoproclame fiel, mas es en la vida práctica que debemos demostrar el testimonio de la fidelidad. A veces proclamamos que oramos y ayunamos, cuando sabemos que no hemos sido fieles.  

 

La ruta de la fidelidad: Jesús.

 

La ruta de la fidelidad es encontrada en la Palabra, de Génesis a Apocalipsis, pero podemos verla fielmente retratada en la vida de Jesús. Es  Él quien nos enseña en la práctica a correcta ruta de la fidelidad.

 

Muchos discípulos han andado de un lado a otro en búsqueda del líder ideal, olvidándose de que, a parte de que tenemos referenciales en la Tierra, nuestro Discipulador Mayor es Jesús. Jesús nos enseña que fidelidad independe de nuestras relaciones y de nuestros sentimientos.

 

Usted puede ser, teóricamente, fiel a Dios, pero, en la práctica, ser infiel. Quien es infiel a Dios en la práctica, es infiel para cualquier persona. No existe la posibilidad de ser fiel a Dios y no serlo a las demás personas, al cónyuge.

 

La Ruta del Discipulado: Timoteo.

 

Timoteo fue discípulo de Pablo y las Escrituras revelan que él se identificaba con el “apóstol a los gentiles”. Pablo, su discipulador, hizo muchos discípulos. Fue un apóstol de excelencia y reprodujo líderes de excelencia, como Timoteo. Él escribió: “A Timoteo, verdadero hijo en la fe: Gracia, misericordia y paz, de Dios nuestro Padre y de Cristo Jesús, nuestro Señor.”  Y, en muchas cartas escritas por Pablo hay elogios de su parte hacia su discípulo por causa de su fidelidad.

 

El discipulado tiene como marca la característica del liderazgo. Necesitamos entender que no es por el hecho de que nuestro líder sea una persona de fácil o de difícil relación, o porque tenga dificultades, que vamos a romper nuestra alianza con él. Como discípulos, debemos ser fieles a nuestro discipulador.     

 

Tenemos una iglesia de enseñanza, de discipulado y hemos orado para que la santidad de Dios nos marque. Si nuestro discipulador tiene algunas áreas que aún no fueron alcanzadas, nuestra función es ayudarlo a romper, trabajar con él para que juntos podamos ser conquistadores de territorio.

 

Somos diferentes los unos de los otros y damos respuestas diferentes. Recibimos, básicamente, la misma doctrina, pero, muchas veces tenemos respuestas distintas a nuestro comportamiento.

 

La Ruta de la Alianza: el Señor.

 

La alianza está por encima de los sentimientos. Poseemos padres físicos y ellos no son perfectos. Pero, difícilmente, o casi nunca, aceptamos que alguien hable mal de ellos o de nuestros hermanos, por más difícil que sea nuestra relación con ellos en algunos momentos. De la misma forma, no podemos negar nuestra filiación. Lo mismo se da con nuestro discipulador. Ellos no son perfectos, enfrentan dificultades, etc. Pero, una cosa es cierta: ellos desean vernos creciendo en Cristo.

 

Dios está queriendo formar en nosotros, Sus hijos, la personalidad de la fidelidad. Y no será porque el discipulador tenga una dificultad o porque el discípulo tenga una dificultad que ellos sean desechables. Nadie es desechable. Por eso, no debemos exigir de los demás aquello que nos somos. ¡Necesitamos el discipulado! Necesitamos la amistad de alguien que ande con nosotros. Necesitamos acompañamiento, de amigos, de hermanos, de hombres y mujeres fieles que no renuncien a ninguno de los que caminan con ellos, pues han hecho una alianza hasta que el Señor Jesús retorne. 

 

La Ruta del Tratamiento: el Discípulo.

     

Todos estamos en el proceso de tratamiento. El discipulador será lijado por el discípulo y, éste será lijado por el discipulador. La relación es esa: una lija pasando sobre la otra sin que se pierda la relación de autoridad. El discipulador siempre será el discipulador. Cuando Dios levanta a un discipulador, él no levanta a un discipulador perfecto. Pero, es en el proceso de discipulado que Dios va capacitando a Su líder.

 

El discipulado es siempre un proceso desafiador. Muchas veces, tenemos la impresión de que lo más fácil sería desistir o, inclusive, “cambiar” a uno de los Doce, etc. Pero, el discipulado fiel es aquel onde encontramos el equipo y el líder, testificando de la fidelidad, porque la viven en la practica.

 

Formar discípulos es enseñarlos a caminar con Cristo en novedad de vida. Estamos en el nuevo tiempo de Dios, pues Él está colocando el carácter del discipulador y del discípulo en la prensa para que todos podamos ser tratados por el Padre. El Señor nos hará referenciales en comportamiento, amor, gracia, unción y santidad.

 

Estudio Publicado el 28 de Junio del 2009

 

 

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