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Buscando la Dracma Perdida

“¿O qué mujer que tiene diez dracmas, si pierde una dracma, no enciende la lámpara, barre la casa y busca con diligencia hasta encontrarla? 9Y cuando la encuentra, reúne a sus amigas y vecinas, y les dice: “Gozaos conmigo, porque he encontrado la dracma que había perdido”.”

Lucas 15:8, 9

 

 

Verdad Central

 

La historia de la dracma perdida es el rescate de nuestra identidad. La mujer es la figura de la Iglesia que con diligencia debe procurar lo que fue perdido de valores, conceptos, fidelidad y alianza con el decorrer del tiempo.  

 

Introducción

         

La parábola de la dracma perdida muestra la diligencia de una mujer que, al perder algo precioso, fue a su procura sin hesitar. Quien conoce la parábola sabe que el requisito básico para que la dracma fuese encontrada era que la lámpara fuera encendida. Sólo encontramos lo que perdemos cuando encendemos la lámpara. La oscuridad dificulta el reconocimiento y la búsqueda. El acto de barrer significa el sacar de la suciedad. La Iglesia es responsable por sacar la suciedad con diligencia, cautela y mucho celo. Por lo tanto, hay que:

 

1. Encender la lámpara.

 

La primera actitud de alguien que procura algo es alumbrar al máximo el ambiente para poder mirar de la mejor forma posible. La lámpara es una señal en el mundo espiritual. Jesús dijo que Él es candelero de oro que anda en medio de Su Iglesia, en nuestra casa y dentro de nosotros: “Me volví para ver la voz que hablaba conmigo. Y vuelto, vi siete candelabros de oro, y en medio de los siete candelabros a uno semejante al Hijo del hombre, vestido de una ropa que llegaba hasta los pies, y tenía el pecho ceñido con un cinto de oro. Respecto al misterio de las siete estrellas que has visto en mi diestra, y de los siete candelabros de oro: las siete estrellas son los ángeles de las siete iglesias, y los siete candelabros que has visto son las siete iglesias.” (Apocalipsis 1:12-13, 20). La Menorah significa que por siete días en la semana no faltará la Luz de Dios en nuestras vidas y hogares. Donde existe la Luz de Dios, las tinieblas no pueden entrar y hacer su visitación maligna. ¿Qué hace, pues, la luz? Revela la suciedad.

 

Cuando la lámpara es encendida y una búsqueda diligente se inicia, y muchas suciedades que estaban escondidas comienzan a aparecer. El deseo de Dios es que saquemos de nuestra vida todo lo que no Le agrada y eso sólo es posible si nos volvemos a los principios de la Palabra. La Luz de la Palabra de Dios arrancará de nuestras vidas todas las tinieblas y nos conducirá a un lugar seguro. 

 

 2. Reconocer el valor de la dracma.

 

La dracma perdida posee un valor espiritual: la fidelidad. La dracma representaba una alianza establecida por la mujer con su marido. Toda mujer casada usaba un adorno en su frente. Era una especie de collar formado por diez monedas de plata, siendo que una de ellas iba al centro y era mayor que las demás.

 

Perder la dracma significaba colocar en riesgo su descendencia, pues la dracma era una señal profética de la perpetuación de la generación. Muchas personas perdieron muchas cosas de valor en sus vidas, pero hoy es su día para encontrar su dracma perdida, porque su vida y su casa recibirán la limpieza de Dios. Todo lo que fue perdido puede ser restituido por nuestro Señor, si tan solamente nos disponemos a dar el debido valor a la fidelidad que Él nos tiene y que espera de nosotros. Por Su Santo Espíritu podemos ser restituidos al lugar de nuestra fidelidad en la alianza que Él estableció con nosotros en la Cruz del Calvario. 

 

 3. Usar de estrategia.

 

Es interesante notar la postura de la mujer al buscar su dracma perdida, pues normalmente, cuando perdemos algo de valor y lo encontramos, volvemos a guardarlo en un lugar seguro por medida de seguridad. Pero la actitud de la mujer no fue inicialmente guardarla, mas, sí, llamar a todas sus amigas y vecinas para que se alegraran con ella ya que ellas entenderían el hecho de que la dracma estuviera perdida y fuera encontrada. ¡Qué mujer estratega! Compartió la bendición con aquellas que comprendían el verdadero significado de lo que había experimentado en su vida, buscando gente que poseía su misma visión y entendimiento.

 

Conclusión.

 

La Iglesia de Jesús es convocada a retornar diligentemente a los principios de la Palabra. El Señor quiere que miremos Su Palabra al punto de que nos sea revelada a nuestro entendimiento y, para eso, los ojos de nuestro corazón necesitan estar alumbrados. Necesitamos dar valor a lo que realmente es valorado por Dios, tirando afuera toda la basura que estaba en nuestro corazón y compartir con el prójimo nuestro mayor tesoro: Jesucristo, el Señor.

 

Nada será de mayor gozo para nosotros cuando seamos restituido en nuestra fidelidad para con Él. Los demás se darán cuenta y podrán acercarse a nosotros para celebrar el resultado de nuestra búsqueda.

 

Estudio Publicado  e l21 de Junio del 2009

 

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