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El Conquistador Valiente
“…pero el justo está
confiado como un león”.
Proverbios 28:1b
Verdad Central
Dios nos hablar en Joel 2
que Él tiene un ejército que es poderoso. Este ejército es poderoso
porque tiene por delante de si un gran general, el Gran Guibor, Jehová
Tzebahot, el Señor de los Ejércitos, el Dios Guerrero.
Introducción
En el año en que murió el
rey Uzías, Isaías fue conoció que Dios es “Santo, Santo y Santo”, pero
que también el guerrero y que posee un ejército (Isaías 6:3). La Biblia
nos enseña en Efesios 6:11-12 que nuestra lucha no es contra carne y
sangre, mas contra los principados y potestades, contra las huestes de
maldad en este mundo tenebroso. No debemos, pues, luchar contra los
hermanos, ni contra nuestro prójimo. Nuestra lucha es contra las
organizaciones espirituales malignas que actúan por detrás de las
personas.
¿Cómo ser un valiente
conquistador?
ü Posicionándonos
correctamente. Todo valiente debe saber posicionarse estratégicamente
delante de cada dificultad y enseñar a sus soldados a que se posicionen
correctamente también. Los poderosos vencen porque son estrategas.
Debemos nutrir este comportamiento.
ü Echando fuera la
cobardía. Un conquistador tiene que echar fuera la cobardía. Jamás en su
histórico debe estar presente la mediocridad, pues los mediocres nada
conquistan y aún perjudican a los conquistadores.
ü Tener coraje. La
posición del valiente conquistador es de coraje, de guerra y de
estrategias organizadas.
Veremos que en el texto de
Lucas 14:31-32 el Señor Jesús nos enseña sobre la necesidad de
organización para enfrentar la guerra y sobre cómo hacernos valientes
conquistadores: “¿O qué rey, al marchar a la guerra contra otro rey, no
se sienta primero y considera si puede hacer frente con diez mil al que
viene contra él con veinte mil? 32Y si no puede, cuando el otro está
todavía lejos le envía una embajada y le pide condiciones de paz.”
Veamos algunos puntos importantes a considerar:
1. Involucrando las
autoridades.
“¿O qué rey, al marchar a
la guerra…?”
La autoridad no a penas
envía hombres a la guerra, mas se hace un referencial, es decir, ella
misma va a la guerra. La autoridad debe ser el ejemplo y debe tener
experiencia de guerra.
En Israel, para que
alguien llegara a ser autoridad, necesitaba tener victorias sobre sus
propias guerras. Para que llegara a ser rey, tenía que ganar una guerra.
Fue así con Saúl (1 Samuel 11) y con David (1 Samuel 17). David fue
ungido rey, pero sólo fue habilitado como rey después que venció al
gigante en una guerra.
Para que asumamos un
reino, debemos sacar las interferencias de en medio. Nuestro Señor Jesús
así oró: “Venga tu Reino”. Para que el Reino de Dios venga a nuestra
vida, debemos desalojar de nuestro corazón a todos los intrusos:
monstruos del alma, deformidades del carácter, parásitos que se alojaron
en nuestro ser interior y que son adulados, conservados y alimentados, y
que, muchas veces, hasta los queremos con nosotros.
Para que el Reino de Dios
ocupe nuestro corazón, necesitamos renunciar a nuestro reino particular.
Y para que el Reino de Dios ocupe nuestra casa debemos sacar de ella a
todos los ídolos. “Ahora, pues, temed a Jehová y servidlo con
integridad y verdad; quitad de en medio de vosotros los dioses…Escogeos
hoy a quién sirváis...; pero yo y mi casa serviremos a Jehová.” (Josué
24:14-15).
Para que el Reino de Dios
ocupe nuestra ciudad, debemos destronar a los principados (Ezequiel
30:22). Para que el Reino de Dios ocupe nuestra nación, necesitamos
hacer guerra espiritual contra las huestes de maldad que atormentan al
pueblo.
En nuestro país, para que
removamos lo que es profano, idólatra y pagano, hay que tener un
liderazgo sagrado. “Bienaventurada la nación cuyo Dios es Jehová, el
pueblo que él escogió como heredad para sí.” (Salmo 33:12).
¿Por qué involucrar a las
autoridades? Porque el líder es el modelo, es el ejemplo. La visión está
en el líder, la unción está en el líder, la capacitación está en el
líder para que pueda formar a otros líderes. El líder es la clave. Si él
no toma posesión de esta verdad, Dios “no tendrá por inocente al
culpable” (Nahúm 1:3).
Escrito está: “El que sabe
hacer lo bueno y no lo hace, comete pecado” (Santiago 4:17). Si el líder
no es el modelo, el liderazgo estará enfermo, pues, ¿cómo avanzarán si
les falta el referencial?
La Biblia dice: “Ninguno
tenga en poco tu juventud, sino sé ejemplo de los creyentes en palabra,
conducta, amor, espíritu, fe y pureza” (1 Timoteo 4:12). Para que un
líder hable de fe, él necesita mostrar las obras que resultaron de su
fe. Para hablar de buen proceder, él necesita andar dignamente. Para que
él pueda hablar de la Palabra, debe manejar con propiedad la espada (1
Timoteo 3:1-13; 2 Timoteo 2:14-15).
El valiente conquistador
no es una figura decorativa, mas operante y que da un buen testimonio.
Él no solamente convoca a sus fieles para la guerra, pero él mismo tiene
experiencia de guerras vencidas.
Esta es nuestra lucha y,
como valientes, no podemos quedarnos a penas mirando, sin que nos
involucremos. ¡Cuidado con el pecado de omisión! ¡Vamos a vivir el
compromiso de la misión: ganar vidas y adiestrar a un ejército!
Continúa…
Estudio Publicado el 31
de Mayo del 2009
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