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Revestido de Autoridad
para Vencer el Miedo Parte Final
“Pero los cobardes e
incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros,
los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que
arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda”.
Apocalipsis 21:8
Verdad Central
Queremos traer luz al
corazón de la Iglesia de Jesús para generar una nueva mentalidad de
Cuerpo Vivo de Cristo y, en esta unción, hacer lo mejor para Dios.
Introducción
Necesitamos ser valientes,
hombres y mujeres, líderes investidos de autoridad para vencer el miedo.
Nuestro liderazgo debe estar respaldado por el coraje para que caminemos
según el corazón del Padre, pues los miedosos no heredarán el Reino de
Dios.
Cuando hablamos en ser un
líder valiente y valeroso, nos estamos refiriendo a valores, muchos de
los cuales fueron olvidados por la Iglesia del Señor Jesús y que
necesitan ser retomados. Estamos hablando en tomar una posición de
honra.
¡Resista! Esta es la
palabra de orden de parte de Dios: “¡no temas!” Si no controlamos el
miedo, seremos controlados por él y, de este modo, dejaremos de ser
fieles y negaremos a Cristo. El miedo puede llevarnos a negar al
Maestro.
“69Estando Pedro sentado
fuera, en el patio, se le acercó una criada y le dijo:
— Tú también estabas con
Jesús, el galileo. 70Pero él negó delante de todos, diciendo: — No sé lo
que dices. 71Saliendo él a la puerta, lo vio otra y dijo a los que
estaban allí: — También este estaba con Jesús, el nazareno. 72Pero él
negó otra vez con juramento: — ¡No conozco al hombre! 73Un poco después,
acercándose los que por allí estaban, dijeron a Pedro: — Verdaderamente
también tú eres de ellos, porque aun tu manera de hablar te descubre.
74Entonces él comenzó a
maldecir y a jurar: — ¡No conozco al hombre!
Y en seguida cantó el
gallo”. (Mateo 26:69-74).
Algunos son tan cobardes
que encabezan la lista de aquellos que no heredarán el Reino de Dios:
“Pero los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los
fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán
su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte
segunda.” (Apocalipsis 21:8).
Si llevamos una vida
controlada por el miedo espiritual, no heredaremos los cielos. Los
miedosos son nombrados antes de los incrédulos y éstos generalmente son
el resultado de la timidez espiritual que nos lleva a vivir en
descrédito en la fe. Nosotros fuimos llamados por Dios para controlar el
miedo y no para ser controlados por él.
Los valientes de Dios
necesitan ser ministrados para reconocer estas dos armas: el miedo y la
herida, a fin de que el enemigo no nos controle. Es tiempo de que la
Iglesia empiece a caminar sabiendo quien verdaderamente ella es, y en
Quien cree ella. “Para que se sepa desde el nacimiento del sol hasta
donde se pone, que no hay más que yo. Yo soy Jehová, y no hay ningún
otro.” (Isaías 45:6).
Hay dos tipos de miedo: el
espiritual y el natural. Debemos, pues, detectar cuál tipo de miedo que
rige. El miedo espiritual es puesto por demonios. El natural se
establece por medio de las relaciones personales poco sanas, y es
difícil de ser gobernado. Por eso, quien sufre de alguno de ellos,
necesita liberación.
Sólo hay una manera de
vencer el miedo, sea él espiritual o natural: teniendo a Jesús como
Maestro de nuestras vidas. Así sabremos a quien debemos temer. El hecho
de tener una experiencia con Dios no da la seguridad de que nada nos
podrá detener en todos los días de nuestras vidas. Servimos a Dios por
temor – reconocimiento de Su autoridad, y no por miedo al castigo. Dios
es amor y “el perfecto amor echa fuera el temor… y el que teme, no ha
sido perfeccionado en el amor.” (1 Juan 4:18).
La única forma de ser
sanado del miedo es ser ministrado en la confianza en Jesús. Él es mi
confianza suficiente para que yo sea sanado de cualquier ataque maligno.
Mi razón en Jesús es suficientemente buena para anular cualquier tiempo
de miedo, espiritual o natural. Cuando pasamos por una dificultad o
desierto somos probados se estamos en la confianza establecida en Dios o
en las situaciones que nos rodena. ¡Seremos aprobados! ¿Cuándo? Cuando
pasemos pasemos por el fuego, por el agua, etc. “Cuando pases por las
aguas, yo estaré contigo; y si por los ríos, no te anegarán. Cuando
pases por el fuego, no te quemarás ni la llama arderá en ti.” (Isaías
43:2).
Debemos entrenar nuestra
confianza en Jesús. El apóstol Pablo nos encoraja a decirnos: “Yo
mismo…extendiéndome… prosigo a la meta” (Filipenses 3:13-14). Cuanto
mayor la batalla, más combustible necesitamos para proseguir a la meta.
Prosigamos, pues, independientemente de la prueba; no paremos el
proyecto por causa de la prueba. Es tiempo de ser entrenados para una
conquista mayor.
Nuestras pruebas no son
mayores que nuestro Dios. Ningún problema es tan grande que Él no pueda
resolver. Nuestro problema no es el problema. Nuestro problema son
nuestras actitudes frente a los problemas. Es la forma como reaccionamos
que el modo como reaccionamos que hace el problema grande o pequeño.
Pero, nuestra solución es mayor que todo. Saquemos los ojos de las
circunstancias y pongámoslos en nuestra esperanza. Y que la unción de la
gracia multiplicadora nos alcance y nos haga hombres y mujeres guerreros
más que vencedores, llenos de valor y valentía (Romanos 8:37). Nuestra
vida será un instrumento de loor y gloria al Nombre de Aquel que nos
llamó: ¡Cristo, esperanza nuestra!
Recordemos que el herido y
el miedoso no conquistan territorios. Somos los valientes de Dios y, por
eso, debemos avanzar a la batalla. “Pues no habéis recibido el espíritu
de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el
Espíritu de adopción, por el cual clamamos: «¡Abba, Padre!».”
(Romanos 8:15)
"Desde los días de Juan el
Bautista hasta ahora, el reino de los cielos sufre violencia, y los
violentos lo arrebatan.” (Mateo 11:12).
Estudio Publicado el 17
de Mayo del 2009
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