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Haciendo Buen Uso de las
Armas Espirituales Parte 1
“Ve y reúne a todos los
judíos que se hallan en Susa, ayunad por mí y no comáis ni bebáis
durante tres días y tres noches. También yo y mis doncellas ayunaremos,
y entonces entraré a ver al rey, aunque no sea conforme a la ley; y si
perezco, que perezca”.
Ester
4:16
Verdad Central
Estamos siendo alimentados
abundantemente por las enseñanzas de la Palabra de Dios sobre como ser
un valiente de guerra. Eso hará con que no solo aprendamos, mas nos
llevará a que pongamos en práctica todo lo que no ha sido enseñados,
porque estamos en medio a una grande y expresiva guerra, la cual debemos
enfrentar con seguridad y dirección de parte de Dios.
Introducción
En nuestro estudio de hoy
estaremos comentando sobre una valiente mujer de Dios, que ganó el
corazón de un rey y destronó las obras del diablo sobre su pueblo:
Ester, la reina.
Sabemos que Satanás no
vino para otra cosa, sino para matar, robar y destruir. Y él intentó
hacer esto al pueblo de Dios, usando a un hombre llamado Amán. Pero, al
tomar conocimiento del plan de destrucción para su pueblo, Ester no
perdió tiempo. Como buena valiente, buscó inmediatamente una estrategia
para la victoria. Como resultado, ella destruiría las fuerzas
espirituales.
1. Ayunando y Orando.
“Ve y reúne a todos los
judíos que se hallan en Susa, ayunad por mí y no comáis ni bebáis
durante tres días y tres noches. También yo y mis doncellas ayunaremos,
y entonces entraré a ver al rey, aunque no sea conforme a la ley; y si
perezco, que perezca”. (Ester 4:16)
Esta estrategia estuvo
presente en la vida de todos los guerreros de Dios. Fue así con Daniel,
Gedeón, Nehemías, Esdras, David, etc. No fue diferente con Ester. Ella
convoca el pueblo para ayunar y orar venciendo, así, la fuerza y la
estrategia del diablo en el mundo espiritual. Si usted quiere vencer una
guerra con la dirección de Dios, sepa que esa es la estrategia de su
victoria: el ayuno y la oración.
Nunca se olvide de que
nuestra lucha no es contra carne ni contra sangre, mas contra
principados y potestades, contra las fuerzas del mal (Efesios 6:12). Por
lo tanto, si usted no vence las fuerzas del enemigo que actúan por
detrás de los hombres y de las situaciones, ¿cómo podrá vencer una
guerra? Por eso, los cobardes no tendrán parte en el Reino de Dios. Es
que los cobardes nunca quieren ir a la guerra, porque no quieren
exponerse, ni luchar, ni enfrentar al enemigo.
2. Actuando.
“Y entonces entraré a ver
al rey, aunque no sea conforme a la ley; y si perezco, que perezca”.
(Ester 4:16)
Ester actuó, presentándose
delante del rey. Con eso, ella arriesgaba su propia vida. Es así que
debe ser con nosotros. Cuando guerreamos, colocamos en riesgo nuestra
propia vida para poder vencer la guerra. Los cobardes no hacen eso,
porque son pasivos, neutros. Sin embargo, esta nunca fue la postura de
Dios. Dios siempre mostró al pueblo de Israel que ellos deberían ser
guerreros con base en las estrategias dadas por Él (Ester 5).
Ester no se acobardó y,
por esta causa, fue recibida por el rey. Su postura fue diferente de la
del profeta Jonás (Jonás 1:3); él actuó como un cobarde. Los cobardes
son tomados por el sentimiento de miedo y se quedan paralizados. Pero,
el arma para vencer el miedo es la fe. La fe hace con que no nos
quedemos paralizados en medio a circunstancias o situaciones difíciles.
La dimensión de la fe está por sobre la dimensión humana. Ella tiene su
propia visión y esperanza. Ella no se afirma en lo aparente o en aquello
que la circunstancia presenta, para está afirmada en el propósito.
Jonás tuvo miedo del poder
pecaminoso que actuaba en Nínive. Pero, vemos que Ester no tuvo miedo de
la estrategia maligna de muerte que se desataba en Susa, capital del
reino persa, pues ella buscó la estrategia de Dios para aquella
circunstancia. Jonás sufrió mucho por su cobardía; tuvo que arrepentirse
y clamar a Dios por misericordia en medio a circunstancias muy
desagradables. Muchos están en el abismo, porque son cobardes, pasivos y
huidores, no queriendo asumir responsabilidades en el Reino de Dios.
Reconocemos que es difícil
enfrentar una guerra; no es fácil para nadie. Pero, la única cosa que
usted no puede hacer es acobardarse y escapar. El miedo paraliza la fe y
estanca la acción. Y muchos, por causa de eso, se esconden. No se
esconda en medio de la guerra, porque del escondrijo usted irá a parar
en el vientre de gran pez, que significa un lugar de abismo, angustias y
oscuridad (Jonás 2). No busque excusas para no ir a la guerra. Trabaje
por sus victorias. Siga el ejemplo de la valiente reina Ester: enfrente
luego al enemigo y guerree, porque la victoria está asegurada.
Continúa…
Estudio Publicado el 26
de Abril del 2009
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