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El Principio de los Doce -
Parte VI
“E hizo Dios las dos
grandes lumbreras: la lumbrera mayor para que señoreara en el día, y la
lumbrera menor para que señoreara en la noche; e hizo también las
estrellas.”
Génesis 1:16
Verdad Central
Dios es un Dios de
principios y trabaja desde la Creación, estableciendo principios para
que el hombre viva por ellos y tenga un norte en todo lo que venga a
hacer y para todas las demás cosas.
Introducción
El texto de Génesis 1:16
nos muestra el principio del gobierno, cuando Dios crea las dos
lumbreras: una pora gobernar el día y la otra para que gobernara la
noche. Comienza, así, el principio de la autoridad.
El Señor Jesús levantó su
equipo de Doce como una indicación directa del Padre y para darnos el
modelo de autoridad y gobierno que Él quería para Su Iglesia (“En
aquellos días él fue al monte a orar, y pasó la noche orando a Dios.
Cuando llegó el día, llamó a sus discípulos y escogió a doce de ellos, a
los cuales también llamó apóstoles.” – Lucas 6:12-13).
Además, Él estableció el
modelo de los Doce en su liderazgo, como una estrategia de conquista y
de multiplicación, pues a ellos les dijo: “Id y haced discípulos a todas
las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del
Espíritu Santo, y enseñándoles que guarden todas las cosas que os he
mandado. Y yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del
mundo.” – Mateo 28:19-20).
Es a través de Su
ministerio que el Señor Jesús nos va a llevar a entender los motivos y
las intenciones de tener a un equipo de Doce a nuestro lado. Sigamos
viendo los principios para la formación, función, visión y misión de un
equipo de Doce, según nos presenta el Señor Jesús.
Resucitar la generación
que ha muerto, la generación de los Doce.
“40Cuando volvió Jesús, lo
recibió la multitud con gozo, pues todos lo esperaban. 41Entonces llegó
un hombre llamado Jairo, que era un alto dignatario de la sinagoga;
postrándose a los pies de Jesús, le rogaba que entrara en su casa,
42porque tenía una hija única, como de doce años, que se estaba
muriendo.
Y mientras iba, la
multitud lo oprimía.
49Estaba hablando aún,
cuando vino uno de casa del alto dignatario de la sinagoga a decirle: —
Tu hija ha muerto; no molestes más al Maestro. 50Oyéndolo Jesús, le
respondió: — No temas; cree solamente y será salva. 51Entrando en la
casa, no dejó entrar a nadie consigo, sino a Pedro, a Jacobo, a Juan y
al padre y a la madre de la niña. 52Todos lloraban y hacían lamentación
por ella. Pero él dijo:
— No lloréis; no está
muerta, sino que duerme. 53Y se burlaban de él, porque sabían que estaba
muerta. 54Pero él, tomándola de la mano, clamó diciendo: — ¡Muchacha,
levántate! 55Entonces su espíritu volvió, e inmediatamente se levantó; y
él mandó que se le diera de comer. 56Sus padres estaban atónitos; pero
Jesús les mandó que a nadie dijeran lo que había sucedido.” (Lucas
8:40-42, 49-56)
En este texto de Lucas,
mientras Jesús sanaba a la mujer que padecía de flujo de sangre por 12
años, encontramos que un hombre llamado Jairo también acudía a Jesús
para que sanara a su hija. En verdad, Jesús había interrumpido su
diálogo con Jairo para socorrer a la mujer que sufría de hemorragia. En
el exacto momento en que Jairo está a la espera de la atención de Jesús
a su hija es avisado de que no más debía importunar al Maestro, pues su
hija había muerto. La Biblia nos dice que la niña tenía 12 años.
Ella era la única
descendencia de aquel hombre y, ahora, había muerto. Era un momento de
desesperación para él, pero Jesús le dice que no temiera, mas que
solamente creyera.
No podemos siquiera
imaginar lo que experimentaba Jairo. Como padre que era, estaba pasando
esta tremenda crisis psicológica y afectiva, debido a su esencia de
padre. El dolor que estaría sintiendo aquel padre podría ser
indescriptible, pues violentamente perdía su descendencia, su única
hija. Él era un sacerdote conocido en su comunidad y, para ir hacia
Jesús a pedirle que sanara su hija, tuvo que exponerse delante de todos.
Con seguridad, él fue criticado en su actitud, pero, él venció todo eso,
pues lo más importante era ver sanada su descendencia.
Ahora, las cosas se
pusieron peor, pues ya no se trataba de sanidad, su hija estaba muerta…
Pero, los siguientes hechos ya nos son conocidos: Jesús resucita la
descendencia de aquel hombre y cambió el velorio por fiesta. ¡Todos se
quedaron maravillados!
Eso es lo que hará el
Señor Jesús por ti y por mí. Él resucitará nuestra descendencia
espiritual, porque Él es Señor suficiente para entrar en nuestro equipo
de Doce y resucitarlo. Él tiene autoridad para ordenar que los Doce se
levanten, coman y caminen en paz, restituyendo, así, la alegría, los
sueños y la conquista.
Creamos que Él es Señor
que resucita los sueños de Doce años, la generación de Doce años, la
esperanza de Doce años. ¡Sí! Él puede resucitar nuestro equipo de Doce,
nuestra generación, pues la enfermedad y la muerte no tienen dominio
sobre Él. En Él está todo el poder para hacerlo y, si nos dio el modelo
de conquista de generaciones y de gobierno, es capaz de mantenerlo,
sanarlo y resucitarlo. ¡Créalo!
Continua...
Estudio Publicado el 29
de Marzo del 2009
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