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El Principio de los Doce -
Parte V
“E hizo Dios las dos
grandes lumbreras: la lumbrera mayor para que señoreara en el día, y la
lumbrera menor para que señoreara en la noche; e hizo también las
estrellas.”
Génesis 1:16
Verdad Central
Dios es un Dios de
principios y trabaja desde la Creación, estableciendo principios para
que el hombre viva por ellos y tenga un norte en todo lo que venga a
hacer y para todas las demás cosas.
Introducción
El texto de Génesis 1:16
nos muestra el principio del gobierno, cuando Dios crea las dos
lumbreras: una pora gobernar el día y la otra para que gobernara la
noche. Comienza, así, el principio de la autoridad.
En nuestra parte anterior,
hemos aprendido que el Señor Jesús levanta sus Doce como una indicación
directa del Padre (“En aquellos días él fue al monte a orar, y pasó la
noche orando a Dios. Cuando llegó el día, llamó a sus discípulos y
escogió a doce de ellos, a los cuales también llamó apóstoles.” – Lucas
6:12-13); y Él va a establecer el modelo de los Doce para su liderazgo,
como una estrategia de conquista y de multiplicación. A Sus Doce Jesús
dijo: “Por tanto, id y haced discípulos a todas las naciones,
bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y
enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado. Y yo estoy
con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.” – Mateo 28:19-20).
Es a través de Su
ministerio que el Señor Jesús nos va a llevar a entender los motivos y
las intenciones de tener a un equipo de Doce a nuestro lado. Veamos,
pues, los principios para la formación, función, visión y misión de un
equipo de Doce, según nos presenta el Señor Jesús.
Estancar la hemorragia
del ministerio
“43Pero una mujer que
padecía de flujo de sangre desde hacía doce años, y que había gastado en
médicos todo cuanto tenía y por ninguno había podido ser curada, 44se le
acercó por detrás y tocó el borde de su manto. Al instante se detuvo el
flujo de su sangre. 45Entonces Jesús dijo: — ¿Quién es el que me ha
tocado? Todos lo negaban, y dijo Pedro y los que con él estaban: —
Maestro, la multitud te aprieta y oprime, y preguntas: “¿Quién es el que
me ha tocado?”. 46Pero Jesús dijo: — Alguien me ha tocado, porque yo he
sentido que ha salido poder de mí. 47Entonces, cuando la mujer vio que
había sido descubierta, vino temblando y, postrándose a sus pies, le
declaró delante de todo el pueblo por qué causa lo había tocado y cómo
al instante había sido sanada. 48Él le dijo: — Hija, tu fe te ha
salvado; ve en paz.” (Lucas 8:43-48)
Jesús caminaba entre el
pueblo y una mujer que padecía de flujo de sangre toca el borde de Su
manto. Sabemos que una hemorragia es pérdida de sangre, y que sangre es
vida, luego aquella mujer estaba perdiendo su vida hacía 12 años.
Como líder, antes de
asumir cualquier actitud con relación a la mujer, el Señor Jesús estancó
su hemorragia. Es necesario, pues, estancar las hemorragias de las vidas
que se están perdiendo. Es necesario tocar las vestiduras de Jesús para
estancar la hemorragia é impedir que las vidas se vacíen.
El texto de Lucas nos dice
que la mujer tenía hemorragia desde hacía doce años, lo que representaba
que ella caminaba perdiendo su vida hacía doce años. La Biblia esclarece
muy bien este detalle sobre cuánto tiempo perdía sangre la mujer: Doce
años. ¡Ella sangraba hacía ya mucho tiempo!
Tomaremos a esa mujer como
figura de la Iglesia. La Iglesia vivía un modelo y práctica que hacía
que muchas vidas entraran y salieras de las reuniones en los templos y
después se perdían, pues no eran consolidadas ni cuidadas. Si cada uno
de nosotros, creyentes de muchos años, tuviésemos conseguido retener las
vidas que Dios nos confiara, la verdad es que, hoy día, los templos
cristianos estarían saturados y nuestras ciudades ya estarían
conquistadas para el Reino de Dios.
Es llegada la hora en que
el Señor Jesús va a estancar toda la hemorragia de la Iglesia para que
la bendición de la permanencia de las vidas esté sobre los pastores, los
líderes y los discípulos. La Biblia dice que Jesús paró y preguntó quién
Le había tocado. Del mismo modo, el Señor se detiene para oír a Su
Iglesia.
Los discípulos se asombran
por el hecho de que, en medio de una gran multitud que le apretaba y
oprimía, Él Señor osara querer saber quién Lo había tocado. Pero Jesús
dijo: “Alguien Me ha tocado”. Podemos concluir que, para que la vida
pueda fluir, hay “que tocar las vestiduras del Señor”. Hay un toque que
inquieta al Señor y que lo mueve a parar para saber qué pasa…
La mujer estaba perdiendo
vida y, cuando tocó el borde del manto de Jesús, inmediatamente recibió
el comando sobre la pérdida de vida y la hemorragia se estancó. Jesús,
al entrar en contacto con ella, le dijo que fuera en paz, pues estaba
salva. Salvación y paz andan juntas. Y, ¿sabía usted que, como líderes,
podemos perder las vidas, no por causa de pecado, sino porque nos falta
conciencia de la paz y de la salvación? Hubo casos para los cuales el
Señor Jesús dijo a las personas para que se fueran y no pecaran más,
pero para esta mujer con hemorragia fue distinto. Ella perdía la vida no
por causa del pecado, mas porque le faltaba la estrategia de tocar el
manto cierto, el manto de Jesús, Su cobertura.
El Señor quiere estancar
toda hemorragia de nuestro liderazgo y de nuestras células. Él quiere
hacer de cada uno de nosotros multiplicadores de vidas y consolidadores
de excelencia. Los equipos de Doce deben ser, para las vidas
hemorrágicas, la posibilidad de ver estancado todo signo de muerte y el
retorno a la paz que hay en Jesús.
Estudio Publicado el 22
de Marzo del 2009
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