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Propósito de la Guerra - Parte II
“38Mas el justo vivirá
por fe; pero si retrocede, no agradará a mi alma».
39Pero nosotros no
somos de los que retroceden para perdición, sino de los que tienen fe
para preservación del alma.”
Hebreos 10:38 y 39
Verdad Central
Podemos deleitarnos con
palabras de vida, instrucción y de doctrina cuando estudiamos la vida de
los héroes de la Biblia, conocidos como los valientes y valerosos
hombres de Dios. Pero, ¡qué bueno saber que Dios también nos ha ungido
para que derribemos a los gigantes!
Introducción
El Señor nos está usando
para cambiar la historia de vida de millares y, por eso, Él nos llama a
que venzamos todas las dificultades y problemas de este nuevo año. Él
espera que conquistemos con éxito todas las etapas que tengamos por
delante y nos garantiza Su presencia, así como estuvo con todos los
siervos que se sometieron a Su verdad y voluntad. Para eso, necesitamos
conservar la unción de los valientes y continuar en el propósito de la
guerra. Es algo muy sencillo, pero demanda nuestra total atención y
diligencia. Vimos en el estudio anterior que necesitaremos continuar
creyendo, ahora hablaremos de dos aspectos importantes para esta vida de
conquista y victoria.
Continuar confesando.
Nuestra actitud al creer
no está aislada. Debemos creer en la victoria y confesarla diariamente.
Debemos aprender a retener con firmeza nuestra confesión. Nuestra
actitud de creer no es aislada. “Mantengamos firme, sin fluctuar, la
profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió.”
(Hebreos 10:23). Muchos son los que afirman creer que Dios hará
milagros, pero permanecen con sus bocas cerradas sin proclamar siquiera
una palabra de victoria. La fe genuina confiesa su victoria y se expresa
verbalmente.
Para que continuemos en el
propósito, necesitamos aplicar el principio de la confesión. La Biblia
dice: “Pero teniendo el mismo espíritu de fe, conforme a lo que está
escrito: «Creí, por lo cual hablé», nosotros también creemos, por lo
cual también hablamos.”(2 Corintios 4:13). Confesar que el Señor es
nuestro ayudador; que Él irá delante de nosotros y nos dará gracia
mediante cada situación (Salmo 54:4; Isaías 45:2; Jeremías 20:11).
Satanás enviará su ejército de gigantes contra nosotros, pero esto no
será suficiente para el poder de Dios.
La victoria no se dará de
forma mental, es decir, teniendo los pensamientos de que las cosas van a
funcionar. La Biblia dice que con el corazón se cree y con la boca se
confiesa. Hay algo de victoria en la confesión de la Palabra que está
escrita en la Biblia. Esta no es la confesión positiva que la Nueva Era
utiliza. Estamos hablando de confesar las promesas de Dios que, saltando
de nuestros labios se hacen vida en nosotros. El mero asentimiento
intelectual ha llevado a muchos a la derrota, pero la confesión de la
verdad bíblica ha materializado victorias en nuestro vivir.
Gedeón, grande hombre de
Dios, a principio sólo sabía confesar su desgracia y su pobreza, pero
aprendió, a través de la experiencia con Dios que, en el Señor, nuestros
límites serán superados (Jueces 6).
Continuar luchando.
¿Por qué muchos han sido
derrotados a diario? Porque creen que saben luchar, pero entran en la
guerra sin preparación. Soldado no equipado es blanco fácil del
adversario. Sin embargo, estamos en luchas diarias con el adversario. Lo
que debemos hacer es saber que el Señor está con nosotros y nos dará Su
victoria.
Lo que ocurre muchas veces
es que la gente ni siempre presenta disposición a la lucha y desisten
fácilmente de luchar delante de las más variadas adversidades. Muchos
contemplan los gigantes del diario vivir y se desaniman por su falta de
fe y o ganas para luchar por algo mejor. Pero la Biblia dice que la fe
sin obras es muerta (Santiago 2:17) y, decir que creemos, pero que no
luchamos en fe por aquello que anhelamos, es poseer una fe muerta.
Debemos mostrar las obras que resulten de la fe. La lucha hace parte de
este proceso y debemos construir nuestros cimientos para que podamos
estar en el pedestal de la victoria.
Un valiente de Dios no
desiste en medio de la batalla, ni negocia la paz con el enemigo. Ni
siquiera delante de gigantes que pensemos ser mayores que nosotros, pues
con Satanás sólo hay guerra.
Cuando Gedeón vio un
ejército de más de 20.000 hombres, que lucharían con él contra los
madianitas, se alegró. A ojos humanos, ese número hablaba de una posible
victoria, pero Dios le dijo que quien le daría la victoria será Él y no
los hombres. Por eso, Él seleccionó solamente a 300 soldados con los que Gedeón ganaría la guerra.
Cuando el Señor pelea
nuestra guerra, Él nos exalta y va por delante conquistando la victoria.
Es Él quien lucha por nosotros. Por eso, delante de las circunstancia,
resista. Rechace el espíritu de flojera que ha reposado sobre muchos en
estos últimos días y que ha llevado el pueblo de Dios al conformismo.
Somos guerreros del Señor y Él es nuestro comandante en jefe que va por
delante de nosotros.
Tener victorias en
nuestras manos no es el resultado de la casualidad o de “fórmulas
mágicas”. La victoria es el resultado de una fe práctica que pone en
acción los secretos de Dios para el éxito. Debemos creer en las
promesas, confesarlas y luchar por ellas. El éxito ocurre cuando
entendemos que el caminar con Dios nos enseña a someternos a Sus
principios para que alcancemos la Vitoria y disfrutemos de lo mejor de
Dios.
Estudio Publicado el 18
de Enero del 2009
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