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Propósito de la Guerra
“38Mas el justo vivirá
por fe; pero si retrocede, no agradará a mi alma».
39Pero nosotros no
somos de los que retroceden para perdición, sino de los que tienen fe
para preservación del alma.”
Hebreos 10:38 y 39
Verdad Central
Podemos deleitarnos con
palabras de vida, instrucción y de doctrina cuando estudiamos la vida de
los héroes de la Biblia, conocidos como los valientes y valerosos
hombres de Dios. Pero, ¡qué bueno saber que Dios también nos ha ungido
para que derribemos a los gigantes!
Introducción
Somos sabedores de que el
Señor ha usado nuestras vidas para cambiar la historia de vida de muchos
y por eso Él nos llama a vencer a todas las dificultades é intemperies
de este nuevo año. Conquistaremos con éxito todas las etapas que estén a
nuestro alcance y el Señor será por nosotros, así como fue con todos los
siervos que se sometieron a Sus mandatos y enseñanzas.
Pero, ¿qué haremos para
conservar la unción de los valientes y continuar en el propósito de la
guerra? Es muy sencillo, pero hay, sin embargo, su complejidad. Nuestras
victorias ya están garantizadas, pero sabemos que el precio pagado no
fue barato. Necesitaremos continuar creyendo, confesando y luchando.
Continuar Creyendo.
Necesitamos tener la
certeza de que fue Dios quien hizo la promesa de que el justo por su fe
viviría. “Mas el justo vivirá por fe; pero si
retrocede, no agradará a mi alma. Pero nosotros no somos de los que
retroceden para perdición, sino de los que tienen fe para preservación
del alma. (Hebreos 10:38 y 39). Cuando Gedeón fue convocado por Dios
(Jueces 6), no creía que podría ser un instrumento en Sus Manos, o que
el Señor sería capaz de cumplir con Su promesa de salvar a Su pueblo de
las manos de sus enemigos. Gedeón hizo pruebas con Dios y el Señor le
honró para mostrarle que estaba delante de la batalla de Su pueblo. Dios
hará lo sobrenatural por nosotros. Esa es nuestra seguridad.
Por eso, en medio a
circunstancias adversas, siga mirando al Señor. Claro es que Él no nos
prometió un mar color de rosas en nuestro caminar cristiano, pero espera
que, principalmente en las horas más difíciles, miremos a Él y le
creamos.
Esto significa que, cuando
aguardamos a Él para recibir Sus bendiciones, necesitaremos creerle
delante de cuadros de catástrofes, pues nos hay imposibles para Él.
Seguir creyendo significa que, aunque no obtengamos respuestas del modo
y en el tiempo que desearíamos tenerlas, continuaremos creyendo Él no
dejará de operar. Pero, ¿qué haremos mientras esperamos? Continuaremos
confesando la victoria en nuestro Dios. El gigante de la incredulidad no
es mayor que el Señor. Continuaremos creyendo, aunque todos digan que ya
no hay más esperanza. Creeremos contra la esperanza, pues nuestro Dios
es vivo y hace maravillas.
Además, “la Escritura
dice: «Todo aquel que en él cree, no será defraudado», porque no hay
diferencia entre judío y griego, pues el mismo que es Señor de todos, es
rico para con todos los que lo invocan.” (Romanos 10:11,12). Esto
implica en que nuestra fe nos destina a ser vencedores y a confiar que
delante del Señor no hay hijos privilegiados o favorecidos. Si tan
solamente creemos, esto nos coloca en una posición de ventaja delante
del enemigo. Necesitamos, pues, confesar nuestra fe en Su poder y en Su
provisión para con nosotros.
El creyente sólo es
conocido como “creyente” porque cree. Somos hijos de Dios llamados a
creer. Satanás no obtendrá victorias sobre nosotros si, como valientes,
afirmamos nuestra fe y no aceptamos los informes del enemigo.
Examinemos estas dos
declaraciones hechas por el apóstol Pablo a los hermanos en Corinto:
“Pero gracias sean dadas a
Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo.” (1
Corintios 15:57).
“Pero gracias a Dios, que
nos lleva siempre en triunfo en Cristo Jesús, y que por medio de
nosotros manifiesta en todo lugar el olor de su conocimiento.”
(2 Corintios 2:14)
Estudio Publicado el 11
de enero del 2009
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