Estudios
Para Líder M12-2007 -85
El
Valiente Conquistador
“ Huye el
malvado sin que nadie lo persiga, pero el justo está confiado
como un león.”
(Proverbios
28:1)
Verdad Central
El Señor nos dice
en Joel 2 que Él tiene un ejército que es poderoso. Este
ejército es poderoso porque tiene por su delante a un Gran
general, el Gran Quibor, Jehová Tzevaot, el Señor de los
Ejércitos, el Gran Guerrero.
Introducción
En los días del
rey Uzías, el profeta Isaías fue confrontado en el Templo por la
santidad del Señor, pero también recibió la revelación de que
este Dios que es Santo, Santo y Santo, es también un guerrero
(Isaías 6:3). La Biblia nos enseña en Efesios 6:11-12 que
nuestra lucha no es contra carne o sangre, mas contra
principados y potestades, contra las huestes de maldad en este
mundo tenebroso. No debemos luchar contra nuestros hermanos, ni
contra nuestro prójimo, mas contra las organizaciones
espirituales malignas que actúan por detrás de las personas.
¿Cómo ser un
Valiente Conquistador?
** Posicionándonos correctamente – Todo valiente debe saber
tomar su posición estratégica delante de cada dificultad y,
también, debe enseñar a sus soldados a tomar esta posición. Los
poderosos vencen porque son estrategas. Debemos, pues, nutrir
este comportamiento.
** Echando fuera
la cobardía – Un conquistador tiene que echar fuera el temor.
Jamás nuestro historial debe contener la mediocridad, pues los
mediocres nada conquistan y sólo perjudican a los
conquistadores.
** Teniendo
coraje – La posición del valiente es de coraje, de guerra y de
estrategias organizadas.
En Lucas 14:31 y
32 Jesús nos enseña sobre la organización de la guerra y cómo
nos transformamos en valientes: "31¿O qué rey, al marchar a la
guerra contra otro rey, no se sienta primero y considera si
puede hacer frente con diez mil al que viene contra él con
veinte mil? 32Y si no puede, cuando el otro está todavía lejos
le envía una embajada y le pide condiciones de paz.” Veamos
algunos puntos:
A.
Involucrando las Autoridades.
“¿Qué rey, al
marchar a la guerra…?”
La autoridad no
solamente envía hombres a la guerra, mas ella misma también va a
la guerra. La autoridad debe ser el ejemplo y debe tener la
experiencia de guerra.
En Israel, para
que alguien fuera constituido como autoridad, necesitaba vencer
sus propias guerras. Para ser entronado rey tenía que ganar una
guerra. Así fue como Saúl (I Samuel 11) y como David (I Samuel
17) llegaron a ser reyes en Israel. David fue ungido rey, pero
sólo tomó fue posesionado como tal después que derribó al
gigante.
Para que asumamos
un reino, debemos expulsar todas las interferencias. “Venga Tu
Reino”. Esa fue la oración de Jesús. Pero, para que el Reino de
Dios venga a nuestras vidas, debemos desalojar de nuestros
corazones a todos los intrusos que se introdujeron allí:
monstruos del alma, deformidades, parásitos que se acumularon,
que fueron adulados, conservados, alimentados y que, muchas
veces, fueron objetos de nuestro amor.
Para que el Reino
de Dios ocupe nuestro corazón, necesitamos renunciar a nuestro
reino particular. Debe haber renuncias. Para que el Reino de
Dios ocupe nuestra casa, debemos sacar de ella todos los ídolos.
“Escogeos hoy a quién sirváis… pero yo y mi casa serviremos a
Jehová.” (Josué 24:15).
Para que el Reino
de Dios pueda ocupar nuestra ciudad, debemos destronar a los
principados (Ezequiel 30:22). Para que el Reino de Dios ocupe
nuestra nación, necesitamos hacer guerra espiritual contra las
huestes de maldad que atormentan a nuestro pueblo.
Para que removamos
de nuestro país todo lo que es profano, idólatra y pagano, tiene
que haber un liderazgo sano y santo. "Bienaventurada la nación
cuyo Dios es Jehová, el pueblo que él escogió como heredad para
sí.” (Salmos 33:12).
¿Por qué
involucrar a las autoridades? Porque el líder es el modelo, y es
el ejemplo. La visión está en el líder, la unción está en el
líder, la capacitación está en el líder, para que pueda formar a
otros líderes. El líder es la clave y si el líder no toma
posesión de esta verdad, Dios no tomará al culpado por inocente
(Nahúm 1:3).
Está escrito: "El
que sabe hacer lo bueno y no lo hace, comete pecado.” (Santiago
4:17). Si el líder no es el modelo, el liderazgo está enfermo,
pues, ¿cómo avanzará todo el ejército si le falta el
referencial?
La Biblia dice:
"Sé ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor,
espíritu, fe y pureza.” (I Timoteo 4:12). Para que un líder
pueda hablar de fe, él necesita mostrar las obras que hayan
resultados de su fe. Para que pueda hablar del buen proceder,
necesita andar dignamente. Para que pueda hablar de la Palabra,
debe saber manejar con propiedad la espada del Espíritu (I
Timoteo 3:1-13; II Timoteo 2:14-15).
El valiente
conquistador no es una figura de adorno, mas es un operante
activo y que da un buen testimonio. Él no solamente convoca a
sus fieles para la guerra, mas él mismo tiene la experiencia de
guerras ganadas.
Esta es nuestra
lucha y, como valientes, no podemos quedarnos tan solamente
mirando y contemplando sin que nos involucremos. ¡Cuidado con el
pecado de la omisión! Vamos a vivir el compromiso de la misión:
ganar vidas y adiestrar a un ejército para esta conquista.
Estudio
Publicado el 30 de Diciembre del 2007
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